Poesías, Pirro Schettini.

Índice del cambio de gusto poético y de la vuelta, después de las locuras de la época barroca, a una poesía más depurada, la edición póstuma de las poesías de Pirro Schettini (1630-1678) vio la luz en Nápoles en 1693, en los primeros años de la Arcadia (v.).

El mérito principal de Schettini es el de haber capitaneado, con Cario Buragna, Leonardo di Capua y Cario D’Aquino, la batalla anti­marinista. En su juventud también él ha­bía «vaneggiato nel comune errore» («desvariado en el común error»); pero más tarde expió sus locuras de juventud y se dedicó al amoroso estudio de Petrarca y de los petrarquistas del siglo XVI y de Di Constanzo, por el que tuvo especial predi­lección, y que transmitió a la Arcadia. Pero si meritoria fue, como reacción, la obra de Schettini, era muy débil en él la fantasía poética, y sus versos no son documento de poesía, sino de historia literaria.

Véanse, a modo de ejemplo, el soneto en que, al cumplir los treinta y cinco años, deplora el curso rápido de los años en el constante dolor, o aquel en que lamenta la ausencia de su amada, «Or che piü caro e piü ridente il solé» («Ahora que es más amable y más risueño, el sol»), a pesar de figurar entre sus cosas mejores; y en ambos es evidente que el sentimiento, harto pobre, no consigue tomar forma de representación di­recta, como observa Croce, sino que, por el contrario, divaga entre reflexiones y sen­tencias, y en aquel genérico fraseo que tanto agrada a los petrarquistas.

G. Franceschini