Poesías, Peire Cardinal

Peire Car­dinal (1225?-1272) es el más grande trova­dor del período albigense; su poesía nace de la violenta rebelión de su conciencia contra los horrores sanguinarios de la «Cru­zada» guiada por Folquet de Marselha y Simón de Monfort. Algunas de sus cancio­nes son de contenido misógino, del tipo de las de Marcabrú (v. Poesías de Marcabrú); pero las que verdaderamente cuentan son las poesías de tono satírico y moral.

Juez severo e implacable de la sociedad de su tiempo, sabe encontrar acentos durísimos, sobre todo contra las órdenes religiosas y el clero, al que asocia a los franceses, venidos con el pretexto de una restauración antiherética a sumir al mediodía en la rui­na y en la muerte. Pero los golpes más duros van contra el clero, de modo que no sólo el tono, sino también los motivos con­cretos de la poesía de Peire Cardinal hacen presentir los del Román de la Rosa (v.). «Ambiciosos, concupiscentes sin límites y sin medida, van los clérigos a la conquista del mundo, con la ayuda de Dios y del dia­blo, predicando y vendiendo indulgencias» [«Un sirventes fatz»]. «En un tiempo, el rey, los duques, los condes, gobernaban el mun­do; hoy son los clérigos los que persiguen y gobiernan.

Y, para ellos, es cosa intole­rable que no se les entregue el dominio de todo el mundo…» [«Li clerc si fan pas­tor»]. «Los cuervos y los buitres no huelen la carroña de más lejos que los curas y los frailes predicadores huelen dónde está el rico. En seguida, se hacen sus íntimos y, cuando la enfermedad hace presa en él, le arrancan una donación…» [«Tartarassa ni voutor»]. «Por dinero, absolverán a los culpables; darán sepultura a los usureros, pero no a los pobres, que no serán visi­tados ni acogidos por ellos…» [«Tan vei lo segle»]. «Los clérigos se presentan como pastores y son asesinos bajo la máscara de la santidad. Cuando los veo revestirse [de los sagrados ornamentos] me viene a la memoria messer Isengrino (v.), que quiso un día entrar en un aprisco; y por miedo a los perros, se disfrazó con una piel de cordero… y devoró a traición cuantos ani­males quiso» [«Li clerc si fan pastor»].

«Intrépida» fue juzgada justamente esta poesía que, denunciando con términos tan duros y desdeñosos las miserias de una cle­recía decaída y corrompida, exponía a su autor a los rayos de la Inquisición, impla­cable durante la crisis albigense. Es impor­tante aclarar, que si bien fieramente anti­clerical, la poesía de Peire Cardinal es con frecuencia verdadera e íntimamente reli­giosa: una canción suya a la Virgen [«Vera Vergena Maria»] es de una dulzura y de una gracia conmovedoras.

A. Viscardi