Poesías, Nicomedes Pastor Díaz

Uno de los poe­tas que en la última época romántica logra­ron asimilar en más alto grado los encen­didos acentos de la melancolía fue, sin duda alguna, el gallego Nicomedes Pastor Díaz (1811-1863).

Su poesía delata un acu­sado subjetivismo y se adivina a través de sus versos que el poeta se ha erigido en centro de ella como eje de toda emoción sentida. Una nota de sombría tristeza se diluyeren sus composiciones, no exentas de retórica, y faltas de verdadera inspiración, cantando a la muerte en vagas y misterio­sas secuencias teñidas de simbolismo: «Al­zarse miro entre la niebla oscura/blanco un fantasma, una deidad radiante…». Pas­tor Díaz se siente solo e incomprendido, como buen romántico, y esa sensación de soledad se traduce en sus versos: «Así los vemos pasar/solitarios e infelices/de otros seres a la par/sin huellas y sin raíces/como barcos por el mar».

En varias ocasiones logra efectos que revelan al poeta enérgico de gráfica y vibrante expresión: «Yo solo oré sobre la yerta losa/donde no corre ya lágrima alguna…/Báñala al menos tú, pá­lida luna…¡báñala con tu luz!». Siempre la melancolía, la tristeza, el tono sombrío de delicada ternura o de contenida deses­peración, son en última instancia los recur­sos que tienden a imprimir un carácter a sus poemas, de los cuales dice el mismo autor que no son sino «inútiles ternuras/la soledad, la noche y las dulzuras/de apete­cida muerte». «A la luna» y «La mariposa negra» son títulos de las composiciones a que pertenecen algunos de los versos cita­dos; famosa es también su «Sirena del Nor­te». Pastor Díaz es además autor de una novela de carácter psicológico y de tono acusadamente romántico: De Villahermosa a la China.

A. Pacheco