Poesías, Matthew Arnold

[Poems]. Con este título el poeta inglés Matthew Arnold (1822- 1888) publicaba en 1853, por primera vez con su propio nombre, el contenido de sus dos primeros volúmenes: El calavera ex­traviado y otras poesías (v.) y Empédocles sobre el Etna y otras poesías (v.), pero omitiendo el largo poema dramático Em­pédocles y algunas poesías menores, y aña­diendo otras, en cambio, entre las cuales son celebérrimas «Sohrab y Rustum» [«Sohrab and Rustum»] y «El estudiante gitano» [«The Scholar Gipsy»]. «Sohrab y Rustum» narra un episodio sacado del persa Firduzi: el joven Sohrab, fruto de un amor juvenil de Rustum, deja a su madre para conquistar fama combatiendo; se encuentra en singular contienda con su padre, a quien no reconoce y por quien no es reconocido; queda herido mortalmente y, retorciéndose en las ansias de la muerte, aconseja al vencedor que tema la venganza que en él tomaría el invencible Rustum cuando sepa que él ha matado a su hijo.

Al oír tales palabras, el héroe pregunta, angustiado, las pruebas de lo que acaba de oír; y el joven moribundo muestra a su padre una señal que su madre le hizo en el brazo cuando le descubrió el secreto de su nacimiento. Desesperado, Rustum intenta poner fin a su propia vida, pero se lo impiden los esfuer­zos de su hijo, y, cuando éste queda muerto, quema sus tiendas y sus bienes y lleva el cadáver del joven a su país nativo, donde manda enterrarlo con grandes honores. De todos los poemas narrativos de Arnold, «Sohrab y Rustum» es quizás el compuesto con mayor respeto por los cánones clásicos y es clásico también por la serena paz de su visión, toda ella dominada por el sen­tido de un destino ineluctable.

«El estu­diante gitano» es, en cambio, un poema elegiaco que tiene por fundamento un epi­sodio sacado de un libro de 1661, la Vani­dad de razonar por dogmas [The vanity of Dogmatizing], de Glanvill: un joven es­tudiante, obligado por su pobreza a aban­donar la Universidad de Oxford, se une a una compañía de gitanos vagabundos cuyo afecto consigue conquistar, así como lo­grar que le revelen sus secretos. Dos años después encuentra a los antiguos compañe­ros de estudios, les dice que los gitanos no son impostores y que revelará al mundo la cultura de éstos cuando haya profundizado en ella. En este errabundo estudiante, Ar­nold se propone ver el símbolo del espíritu humano, descontento de todo lo que el humano saber puede ofrecerle, eternamente inquieto y aspirando a una ciencia más alta. Imagina, pues, que el mítico estudiante va todavía andando por el mundo y de cuando en cuando se deja ver en los luga­res más diversos.

En 1867 Arnold volvía a publicar su obra con el título New Poems, incluyendo en ella nuevamente Empédocles sobre el Etna y añadiéndole alguno de sus más bellos poemas en parte comprendidos en los Poems 2.nd series (1855), como «Bálder Dead». Uno de los más significativos es «Tirsis» [«Tyrsis»], poema elegiaco que el poeta escribió al morir su amigo, el joven poeta Arthur Hugh Clough (1819-1861); Arnold vuelve a Oxford, la ciudad de sus años juveniles, y lo halla todo cambiado, en las casas y las vidas familiares, desde el tiempo en que paseaba con el amigo cuya muerte ahora lamenta; con «Tirsis» le pa­rece que haya muerto también su propia juventud, y siente por ello angustiosa desolación; pero se consuela pensando que lo mejor que había en ellos, su aspiración a una realidad más alta, su fe en una ver­dad superior a la reducida ciencia de los hombres, vive todavía y vivirá eternamente mientras vague en derredor, inmortal, el alma del «Estudiante gitano».

Es un breve poema rico en melancólico «pathos» que puede ser dignamente colocado entre las grandes elegías de la literatura inglesa, con el Lícidas (v.) y el Adonais (v.). La misma inspiración elegiaca, pero con un matiz de mayor vigor y mayor seguridad, hallamos en la «Capilla de Rugby» [«Rugby Chapel»], en la cual el dolor por la muerte de su padre se acompaña de la angustia por la nube oscura que oculta el destino del hombre; los versos del poema — en tríme­tros no rimados — son a veces un poco du­ros, pero alienta en ellos un sentido de elevación moral, de heroica resistencia que anima y consuela. En las «Estancias escri­tas a la Gran Cartuja» [«Stanzas from the Grande Chartreuse»] el poeta, que ha lle­gado en un anochecer de lluvia al gran convento entre los montes, experimenta un sentimiento profundo de nostalgia por la segura paz de los cartujos y confiesa, con un grito de patética angustia, su turbación por no pertenecer a ninguna de las iglesias de su tiempo, por -no poseer una verdadera fe, capaz de sosegar el tormento de su alma turbada.

El mismo sentimiento de turba­ción por la fe perdida nos ofrece «En la playa de Dover» [«Dover Beach»], breve poesía en versos libres, en la cual el poeta, partiendo de la descripción de una noche de luna en la playa, se remonta en el tiempo a la época en que la fe era completa y segura y, con inesperada transición, pasa de la angustia metafísica a la prosecución de un consuelo humano en el amor, el úni­co que puede abrir, aunque sólo sea por un instante, el corazón del hombre, revelar su misterio y aliviar su trágico aislamiento. En la poesía de Arnold — intelectualista por tendencia y por doctrina, y que a pesar de ello, posee una vena elegiaca profunda­mente subjetiva que lo enlaza con las co­rrientes románticas — y especialmente en estas últimas obras suyas más dolorosa­mente maduras, se refleja el drama de su época, dividida entre una exigencia racio­nal y una profunda necesidad religiosa y moral.

A. P. Marchesini