A lo largo de su vida de investigador, no exenta de profundas crisis morales, Manuel Milá y Fontanals (1818-1884) escribió cierto número de poesías, que fueron recopiladas en el tomo VI de sus Obras completas (Barcelona, 1895).
Están agrupadas en dos secciones: Poesías catalanas, entre las que figuran unos «bordonets» en provenzal, y Poesías castellanas. De estas últimas, algunas son traducciones; las demás, aun teniendo verdadera emoción y elevado tono moral, no valen mucho como realización poética; a lo sumo ofrecen interés para el psicólogo y el biógrafo Una sirena (1867), Cumpleaños (1836) y Otros tiempos (1874). En cuanto a las catalanas, la más antigua es La Font de Melior [La fuente de Melior], balada de inspiración y forma populares publicada en 1843; un esbozo inédito de la misma, escrito a fines de 1835, situaría cronológicamente a Milá entre los primeros poetas del renacimiento catalán [Renaixença].
Sabido es que al principio fue muy escéptico respecto a éste, aunque la convicción de que lengua y personalidad eran consubstanciales para Cataluña se manifestara ya en sus Romances de los Reyes Católicos en Barcelona (1840). Saludó «con entusiasmo mezclado con alguna tristeza» la restauración de los Juegos Florales de Barcelona, cuyo primer consistorio presidió, en 1859. A partir de esta fecha, su adhesión al catalanismo literario fue siendo cada vez más decidida y eficaz, colaborando en él no sólo con sus estudios y docto consejo, sino también con poesías en catalán. Descuellan las tres escritas en un arcaico verso épico de dos hemistiquios desiguales (6 + 4 sílabas): La cangó del pros Bemat y su secuela La mort de Galind que son de 1867, y la simple, suave, patética Complanta d’En Guillem (1872).
El Bernardo, conde de Ribagorza y Pallars, evocado en la Cangó es un héroe histórico de la Reconquista pirenaica que, según intuyó el propio Milá como erudito, acabaría transformándose en el Bernardo del Carpió de la leyenda castellano- leonesa. Para Menéndez Pelayo la Cangó «es lo único verdaderamente épico que hay en nuestra literatura moderna». Entre otros muchos poetas, Verdaguer se inspiró en ella (cantos V y VIII del Canigó).
C. Riba

