Poesías, Juan Boscán Almogáver

La producción del poeta barcelonés Juan Boscán Almogáver (14959-1542)—que es también el exquisito traductor del Cortesano (v.)—se publicó en tres volúmenes en 1543, con algunas obras de su émulo y amigo Garcilaso de la Vega, junto con el cual había revolucionado la versificación castellana introduciendo en ella el endecasílabo y todas las demás formas de la poética italiana.

El título de esta colección es: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega. En sus poesías se ve la transición de la poesía española de la Edad Media a la del Rena­cimiento. En el primero de los tres libros domina todavía la manera tradicional, hecha de conceptismos ingeniosos, que se traducen en imágenes de sabor madrigalesco, dentro de un ritmo exquisitamente musical. En el segundo libro, que comprende noventa y dos sonetos y varias canciones, es evidente el influjo italiano, especialmente del Pe­trarca, de Bembo y de Poliziano. El libro va precedido de una carta a la duquesa de Soma, en la cual el autor atribuye a An­drea Navagero, embajador de la República véneta cerca del Emperador, el mérito de haberlo inducido a intentar en español la variedad de la métrica italiana.

En el ter­cero, en fin, compuesto de dos «Capítulos» y de una «Epístola» que describe en tercetos la felicidad conyugal, de una «Octava rima», poema alegórico que recuerda los cantos carnavalescos de Bembo, y de la «Historia de Hero y Leandro», en versos sin rima, es­tamos ya en pleno Renacimiento, como lo demuestra la ostentación de cultura clásica y de teorías amatorias en que el autor parece casi complacerse al exponer sus aventuras sentimentales. Boscán no es un gran poeta, pero especialmente sus sonetos se distinguen por un calor propio, expresivo y personal, aun teniendo en cuenta el petrarquismo que muestra y que a menudo llega a la copia, como en el soneto «Dichoso el día, dichosa la hora», que traduce el petrarquiano «Benedetto sia el giorno e il mese e Taimo», o el otro más musical, pre­cisamente gracias a sus italianismos: «Solo y pensoso en páramo desierto», que corres­ponde al «Solo e pensoso i piü deserti campi».

Inician en la poesía española un tono amoroso apasionado y melancólico, nacido del contraste entre el sueño y la realidad. También las canciones, impeca­blemente italianas de metro, son bastante petrarquianas de tono, ya describan, con mayor amplitud que los sonetos, el estado de alma casi siempre triste del poeta, o bien elogien la maravillosa belleza de la amada; con todo, la imitación no es nunca descuidada ni pedestre y sin igualar las canciones del Petrarca en la armonía y en la gracia, y a pesar de ciertas afectaciones, tienen, sin embargo, vigor y colorido, y no carecen de momentos felices.

C. Boselli

Fue un ingenio mediano, prosista exce­lente cuando traduce, poeta de vuelo des­igual y corto, de duro estilo y versificación ingrata, con raras aunque muy señaladas excepciones… Pero, con toda su medianía, es un personaje de capital importancia en la historia de las letras; no se puede pres­cindir de su nombre ni de sus obras, que están colocadas en humilde lugar, sin duda, pero a la entrada del témplo de nuestra lírica clásica… Hay que reconocer que el gran innovador de la métrica española en el siglo XVI no fue Garcilaso, sino Boscán. Y Boscán no fue innovador solamente en la prosodia. Dentro de cada uno de estos es­quemas métricos latía un alma poética que no siempre acertó él a desentrañar, pero que columbró a lo menos, dejando a otros más felices el perfeccionamiento de su obra. (Menéndez Pelayo)

En la lírica de Boscán, lo más original y típico de su temperamento es el remanso poético del cantor del hogar. En general, hay una llaneza doméstica en todos los mo­mentos en que habla por cuenta propia, que anuncia el carácter propio por encima de las huellas del Petrarca y de Ausias March o los demás modelos. (A. Valbuena Prat)