Poesías, Clemens Brentano

En 1803 Clemens Brentano (1778-1842), en el período más feliz de su fecundidad lírica, tuvo la idea de publicar junto con su alma gemela Achim von Arnim una colección de poesías con el título Canciones de los hermanos cantores [Lieder der Liederbrüder], y después renun­ciadas en favor de la otra colección de poesías populares El cuerno maravilloso del niño (v.).

En 1808 Arnim publicó una co­lección de poesías líricas, Consuelo en la soledad [Trösteinsamkeit], en que figuran numerosas poesías de Brentano («Die Ein­siedlerin», canciones de infancia, «La zín­gara», traducida de un texto italiano, y la predilecta del poeta «El cazador al pastor» [«Der Jäger an den Hirten»]). Después de las guerras de la Independencia, Brentano intentó, mediante una suscripción, publi­car las canciones patrióticas compuestas por él entre 1810 y 1813: pero la censura de Metternich hizo fracasar el proyecto. De 1827 en adelante su amigo el historiador Böhmer con ayuda de la hermana del poeta, Bettina, no cesa de exhortarle a publicar todas sus poesías, pero en 1837 él contesta que «le dan escalofríos cuando piensa en su pobre poesía».

Con todo Böhmer prepara un volumen que en 1830 hace revisar por el autor, lo que le servirá después para cuidar la primera edición de las obras com­pletas publicada póstuma en 1852. Sin em­bargo, muchas se habían ya publicado en revistas y también inscritas en otras obras suyas, novelas, fábulas, comedias, como con­densaciones líricas de escenas y hechos na­rrados. Si es de lamentar que el poeta no consiguiese publicar sus poesías juveniles fue un bien que él no emprendiese en su edad avanzada una revisión general de sus poesías, porque las pocas reformadas por él después de su férvida aproximación al catolicismo perdieron con su nueva y me­surada fe religiosa toda su espontánea na­turalidad; así sucedió con la canción «¡Oh mamá, abriga bien a tu pequeña!» [«O Mut­ter, halt dein Kindlein warm»], todavía del tiempo en que cortejaba a Sophie Mereau.

La poesía lírica fue la natural y necesaria expresión de aquella alma romántica, atormentada por íntimas contrariedades, pero al mismo tiempo necesitada de desaho­garse en una musicalidad llena de dulzura y de gracia. Como Tieck, dominaba todas las formas de poesía y las cultivó todas, con excepción de las antiguas, inspirándose en Goethe, en la lírica medieval de los estudiantes vagabundos (v. Poesía goliar­dica), y en la poesía religiosa de la época barroca, obteniendo siempre éxito por la facilidad tan espontánea, que constituye su originalidad y su hechizo. Lejos de todo simbolismo, fue un sugestivo pintor de pai­sajes, de impresiones, de estados de ánimo; son famosos sus «noches encantadas por el rayo lunar» animadas de espíritus buenos y malignos, de que se nutrió toda una gene­ración de poetas alemanes desde Eichendorff a Heine.

Serenatas musicales: «Escu­chad, la flauta llora otra vez, y las fres­cas fuentes rumorean…» [«Hört, es klagt die Flöte wieder/Und die kühlen Brunnen rau­schen»]. Canto de grillos y ruiseñores bajo las estrellas: «feliz quien muere en sueño, mientras le mecen las nubes, y la luna le canta una canción de cuna…» [«selig, wer im Traume stirbt, wenn die Wolken wie­gen, wenn der Mond ein Schlaflied singt»]. Canciones de cuna de dulce ritmo que adormece: «cantad quedo, quedo, quedo» [«singet leise, leise, leise»]. En la poesía católica barroca se inspira el «canto de la siega» [«Erntelied»] con su imagen de la muerte que siega y su angustiado estribillo: «vigila, florecita bella». Más profundas y conmovedoras son las poesías que reflejan la ansiosa y tormentosa aspiración a Dios como aquel «grito desde lo profundo, de un siervo en primavera» [«Frühlingsschrei ei­nes Knechtes aus der Tiefe»] que es el «De profundis» del poeta: confesión de su pro­pio tormento e invocación a la salvación, representada por «una gota de la sangre de Cristo».

Ésta y la otra poesía, «No perte­nezcas al mundo, de otra manera, ¡ay de ti!» [«Gehör der Welt nicht an/Sonst ists um dich getan»] anuncian la crisis reli­giosa de 1816, que vuelve al poeta al seno del catolicismo, y su poesía después de 1817 está penetrada toda ella de una nueva y reposada confianza en Dios; de este período es la hermosa traducción del Stabat Mater, la «Canción de Navidad» [«Weihnachtslied»] que todavía sigue cantándose, «Después de la confesión» [«Nach der Beichte»]. La misma entonación piadosa tienen también las últimas canciones de amor a Luise Hen- sel: «Dulce consuelo en horas ardientes» [«Süsser Trost in heissen Stunden»], «Al ángel en el desierto» [«An den Engel in der Wüste»]. Pero, roto el último sueño de amor, la poesía «Soplan los vientos del atardecer» [«Die Abendwinde wehen»], con el popular ritornello: «He oído rechinar una hoz» [«Ich hört ein Sichelein rauschen»] suena como un adiós a la vida.

Entre las canciones pa­trióticas y militares es bella la «Cantata en la muerte de la reina Luisa» [«Kantate auf den Tod der Königin Luise»]; algunas tienen un ritmo marcial arrollador como la llamada a la insurrección: «Ea, hermanos, con Dios, a la batalla» [«Auf mit Gott zum kampf ihr Bröder»], «Vivan los soldados…» [«Es leben die Soldaten/So recht von Got­tes Gnaden»], etc. La viva musicalidad del poeta le permite reproducir en el verso hasta el sonido de los instrumentos, y la música de Beethoven, raramente halló, qui­zás, tan congenial resonancia en la poesía como en «Ecos de la música beethoveniana» [«Nachklánge Beethovenscher Musik»].

Pero también la pintura primitiva italiana halla reflejos en la poesía de Brentano, como en la «Imagen de la Anunciata» [«Annonciatens Bild»] que retrata a su hermana Bettina. Menos originalidad y valor tienen en cambio las baladas y romances (también la Loreley (v.) cuya leyenda inventó él, y fue vuelta a elaborar por Heine), porque ese género es demasiado concreto para un poe­ta tan esencialmente lírico, que funde con la meditación soñadora de los románticos alemanes la extática dulzura de los místi­cos italianos. Sus canciones fueron musicadas por Brahms, Mendelssohn, Schumann y otros románticos, sobre todo «La canción de la hilandera» [«Der Spinnerin Lied»].

C. Baseggio-E. Rosenfeld