Poesias, José Asunción Silva

Las poesías del colom­biano José Asunción Silva (1865-1896) fue­ron publicadas póstumas (Barcelona, 1908) notablemente alteradas, después del suici­dio del autor.

Silva es uno de los más deci­didos iniciadores del modernismo en Sudamérica. Con él, la poesía abandona las sonoridades oratorias de la tradición espa­ñola y se vuelve decididamente hacia las nuevas experiencias poéticas europeas, fran­cesas en particular. Los primeros versos, de 1882, son imitaciones de Musset, filtra­das a través de Bécquer: tristezas, nostal­gias, languideces lunares; pero ciertas au­dacias sensuales y la inclinación a las soluciones poéticas extremas, anuncian ya una destacada personalidad. Las patéticas inte­rrogaciones a lo Musset, «¡Estrellas, luces pensativas ! / ¡estrellas, pupilas inciertas! / ¿por qué os calláis si estáis vivas?», se com­plican con actitudes decadentes que hacen ya presentir a Rubén Darío.

El poeta halló en Baudelaire y en Verlaine la expresión que mejor convenía a su sensualidad refi­nada. La visión poética tiende a desvincu­larse de todo lazo psicológico para conver­tirse en pura música. Pero son todavía conquistas imperfectas, en las que la línea melódica está como separada del sentimien­to que la engendró. El poeta aparece ple­namente maduro en el famoso «Nocturno», publicado en 1895, uno de los poemas más conocidos de Sudamérica y el que tuvo ma­yor influencia orientadora sobre la nueva poesía. «Una noche, una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas». La composición a la muerte de su hermana Elvira amplifica sus resonancias hasta el extremo de la reacción inmoral.

El naciente romanticismo de Musset se fun­de con las sugestiones poéticas halladas al margen de su fantasía, y de ello resultan nuevos acordes y un acento sentimental que dio el tono a Rubén Darío y a toda la poesía sudamericana posterior.

C. Capasso