Poesías, Joan Salvat-Papasseit

La obra poética del escritor catalán Joan Salvat- Papasseit (1894-1924) se publicó bajo los si­guientes títulos: Poemes en orid.es hertzianes (Barcelona, 1919), L’irradiador del port i les gavines (1921), Les conspiracions (1922), La gesta deis estels (1922), El poema de la Rosa ais llavis (1923) y Ossa menor (1925).

Joan Salvat-Papasseit, cuya corta vida le sitúa en la línea de los grandes poetas tocados por el silencio de una muerte de caballo joven, constituye, dentro del ámbito de la poesía catalana contemporánea, la voluntad más firme de ruptura y, a un mismo tiempo, el hecho más puro y radical de vinculación a unas formas estrictamente tradicionales. Por una parte, su voluntad de ruptura se manifiesta no sólo en su actitud espiritual inconformista y rebelde, sino también en las formas tipográficas de que se sirve en gran parte de su obra — caligramas, dislocación del verso en líneas escalonadas, uso de distintos tipos de letra, etcétera —, en la utilización y enfoque de determinados temas y motivos, en la viola­ción de los esquemas sintácticos tradicio­nales.

Por otra parte, su vinculación a unas formas tradicionales se manifiesta en sus teorías sobre la palabra poética y la since­ridad, en su sentido de lo popular y en su realismo elemental y maravillado, en el que los oficios, las figuras y la alegría del tra­bajo más sencillo y humilde, dentro de un paisaje cotidiano e intrascendente, adquie­ren categoría de mito poético. Estos dos aspectos de su personalidad literaria, ex­trañamente unidos en una unidad de realización profunda y sorprendente, tenía que llevarle a la valoración de lo infantil — «Pantalons llargs», «Platxéria», aquellas deliciosas narraciones Els nerns de la meva escala, aparecidas en «La mamada» —, al ensueño y al tema social y político.

Salvat- Papasseit opera con elementos tangibles y sencillos. La dislocación del verso en líneas escalonadas es efecto, no de una simple pirueta de vanguardia, sino de un esfuerzo por encontrar la forma exacta y eficaz. El poeta busca la expresión alada e ingenua, desnuda de impurezas retóricas; la solución sintáctica que rompa, inesperadamente, la línea inicial de desenvolvimiento del poe­ma. La sorpresa y la ingenuidad constituyen el hallazgo más alto de la poética de nuestro autor. Su obra nace de una situación de com­bate, de sinceridad y entusiasmo: «para ser poeta—escribe en su «Concepte del Poeta»—- será’ necesario primeramente el deseo de luchar»; «el poeta… será el hombre entu­siasta»; «el fuego es la palabra y la palabra es: Dios — dice, recordando a Maragall —. Esta trilogía es el pecho, y la mente, y el brazo de todo Poeta»; «decir poeta quiere decir exultación»; «la manifestación gráfica, incluso moral, de la que vive el Poeta es la sinceridad».

Y en otra parte escribe: «sed Poetas, Poetas con mayúscula: altivos, va­lientes, heroicos y, sobre todo, sinceros»; «yo os invito, poetas, a que seáis futuros, es decir, inmortales». Para Salvat-Papasseit la poesía es algo más que un juego de arti­ficios: es la entrega del hombre a una vocación, más: a un destino; «cada gesto del hombre, cada palabra del hombre, será como un verso». Poesía y vida aparecen en él íntimamente imidos, pierden su sentido cuando se los separa. «Soy, como hombre de letras — escribió en cierta ocasión —, de una imaginación escasa, más bien elemen­tal: todo lo he visto o lo he vivido. No he escrito nunca sin haber mojado la pluma en el corazón abierto de par en par». Su poesía nace, pues, del hombre, pero no del hombre que, profundizando en sí mismo, intenta encontrar la razón de ser de su existencia personal, sino del hombre abierto a la contemplación del gran espectáculo de la vida, que se enfrenta, en una reciente y total primavera, con el plural ir y venir del pueblo.

Su léxico, su uso de locuciones familiares, su sintaxis, no subordinada a las leyes de la lógica, sino libre y aérea entre la sugestión y la incoherencia, han sido arrancados de la vida cotidiana del hombre de la calle. El amor y la lucha, unas veces con valor únicamente por sí mismos y otras con un valor más alto que los trasciende, son los dos grandes temas de su obra: «L’estel d’un esguard/i el d’una senyera,/ la guerra i l’amari/la sal de la terra./Al llavi una flor/i l’espasa ferma». Por una parte arremete contra los poetas en minús­cula, contra las últimas derivaciones de la literatura finisecular, pero, por otra, nues­tro poeta, autor de un libro titulado sinto­máticamente Humo de fábrica y firmado con el pseudónimo «El gorkiano», se en­frenta también con la burguesía.

Es cierto que muchos de estos ataques son fruto de la estética de la época — recordemos las famosas sesiones dadaístas presididas por Tristan Tzara—, inmediata consecuencia de la disociación producida en el siglo XIX entre la burguesía y el Arte en mayúscula, pero también lo es que nuestro poeta, hom­bre del pueblo para quien la pobreza era la brújula de su vida, les dio, quizá incons­cientemente ^ una intención más allá de la estrictamente estética. Vivía sumergido en lo humilde y sencillo, abierto a las cuatro es­quinas de la sorpresa y la alegría. Para nues­tro poeta no hay nada mezquino. La alegría de vivir, simplemente de vivir, se encuentra incluso en lo más insignificante: «Res no és mesquí/ni cap hora és isarda,/ni és fosca la ventura de la nit/…/Res no és mesquí/ perqué la cansó canta en cada bri de cosa».

Por sus versos, trémulos y maravillados, pasarán la muchacha que lleva la leche, con su delantal «amb unes vores fetes de punta de coixí» y su fresca sonrisa, el ven­dedor de periódicos que sube y baja de los tranvías en marcha, el cartero, el avión que cruza por el espacio y suscita la admira­ción de los transeúntes, las mujeres maña­neras que regresan del mercado con sus cestas rebosantes de coles, el mozo que tuesta el café y piropea a las muchachas sonrientes de la calle, los niños que huelgan los jueves por la tarde, los carreteros soño­lientos, -los viejos lobos de mar, los carpin­teros y herreros, los pintores que cantan para dejar «el pis més frese», etc. Por su esquematismo y resignada emoción, «Noctum per a acordió» es uno de los poemas más altos de toda la literatura catalana contemporánea.

Surge de la soledad y el terror más elementales, iba a decir: salvajes, del hombre abandonado a un mundo hostil, cuando «totes les mans de tots el trinxeraires/com una farandola/feien jurament al redós del meu foc». Todo el misterio trá­gico y desamparado de una noche en el muelle, guardando madera, mientras la llu­via caía sobre las barquichuelas y «dessota els taulons [s’arraulia] el preu fet de l’angoixa», aparece, estremecido, en estos ver­sos desgarrados. En algunas ocasiones, Sal­vat-Papasseit derivó hacia un cristianismo difuso, radicado en el amor a los pobres y la sátira, no violenta, sino humana y resignada del egoísmo de los «bienestantes»; así, en «Nadal», otro de sus poemas más importantes, escribe: «Demá posats a taula oblidarem els pobres/— i tan pobres com som—/Jesús ja será nat./Ens mirará un moment a l’hora de les postres/i després de mirar-nos arrencará a plorar». El tema, no ya social, sino estrictamente político aparece en Les conspiracions, libro que exalta la libertad de su país y que fue escrito después de haber pasado un tiempo en el sanatorio de la Fuenfría.

Como ya hemos dicho, el amor es la otra gran ver­tiente de su obra. El poema de la Rosa ais llavis ocupa un lugar  único, de cima, en el paisaje de la poesía amorosa catalana. Tam­bién aquí el poeta convierte en sustancia lírica el amor en su forma más elemental y pura. «La desnudez de los cantos de amor de Salvat-Papasseit — ha escrito Josep M.a López-Picó — se mueve entre alas y es como la desvergüenza de los niños». Y Joan Teixidor ha definido el poema como «se­gura sexualidad sin sombra de complica­ción, primitiva y limpia». El amor no es una evocación, o un deseo, o un recuerdo, en suma: no es un acto intelectual, sino un acto simplemente carnal. El poema de la Rosa ais llavis es el poema de la posesión amorosa, sin otras implicaciones ni deriva­ciones: «Visca l’amor que m’ha donat l’amiga/fresca i polida com un maig content!/ Visca l’amor/rhe cridada i venia/tota era blanca con un glop de llet./Visca l’amor que Ella també es delia:/visca l’amor:/la volia i l’he pres».

El mar — reducido a sim­ple esquema lírico — es otro de los grandes temas de Salvat-Papasseit, al que se vincu­lan el ensueño, el deseo de evasión y el amor. Si ahora se estilara todavía, nos dice, armaría un galeón e izaría bandera pirata, surcando los mares más remotos en busca de tesoros. Pero, mientras sus marineros «foren lladres de l’argent i l’or/i foren lladres si perles hi havien», él sólo robaría «por amor». «Fos amb engany/si de grat no venien,/jo robaría les noies deis ports»

. J. Molas

Cada ademán de este hombre [el Poeta], cada palabra de este homüre, sería como unverso. Firmaría una línea, y esta, sola línea podría no pertenecer a ningún alejandrino, podría no sonar al oído de los doblegados versificadores a destajo, pero con esta línea tendríamos un Poema. (J. Salvat-Papasseit)

Joan Salvat-Papasseit, castigado por la vida, robado a la vida, era tan puro a la hora de marcharse que había rehusado el azaroso jolgorio de un día de . juventud por­que llevaba con él el retrato de la amada y no quería manchar ni la imagen. (J. M.a López-Picó)

…un compañero puro y excepcional como Salvat-Papasseit, poeta. (J. V. Foix)