Poesías Diversas, Julio Tipaldo

Colección lírica del poeta neogriego Julio Tipaldo (1814-1883), publi­cada en Corfú en 1856 con dedicatoria a su maestro, el poeta Solomos.

La colección, que comprende catorce poesías, revela la huella de Solomos en la personalidad de Tipaldo, tan profunda que penetra hasta en el proceso interno de algunas poesías. Así ocurre en la primera del libro «El cantor», que es una sublimación metafísica de la figura de Rigas, protomártir y profeta de la libertad griega, cuya personalidad es transfigurada y sumergida en el cielo de la Religión y de la Poesía. También se notan en ella ecos de poesía popular: «El clefta condenado a muerte», e intentos de alcan­zar mayor realismo expresivo y tonos más crudos: «La muerte de Chamko», madre de Alí Bajá, que deja a su hijo una herencia de venganza y de sangre.

Pero la verda­dera y característica personalidad de Tipaldo se expresa en una poesía más suya hecha de armonías musicales, de esplendores lu­nares, de amores irreales y de paraísos so­ñados en la onda musical del verso. Atmósfera de ensueño o de paraíso terrestre que hace pensar en el «stil novó» o en los prerrafaelistas. Es típica en este aspecto «La criatura de la fantasía», invocación apa­sionada a la amada ideal, ansiosamente buscada y entrevista, pero alcanzada sólo en el éxtasis y en el ensueño. «Las dos flo­res» son la rosa y el lirio, compendio de un amor virginal, la rosa ofrecida por la tem­blorosa mano de la joven, el lirio cortado como recuerdo, un año después, sobre la tumba de ella. «La fuga» (dos jóvenes hu­yen para vivir su amor contrariado en una tierra lejana) tiene frescos y populares to­nos de barcarola y acentos de nostálgicos adioses. «La loca» expresa con elocuencia romántica un pensamiento filosófico, el la­mento del hombre por la indiferencia de la naturaleza.

También «El deseo» con la des­avenencia entre la bella y el hijo del rey, que ofrece y promete las riquezas del mun­do, suena como renuncia a los goces terre­nos, por el anhelo hacia esperados paraí­sos. Poco o nada añaden a la fama de Tipaldo sus pocas poesías posteriores patrió­ticas y de circunstancias, recopiladas por Siguro en la edición de 1916, con muestras de la Jerusalén libertada (v.), de la cual Tipaldo tradujo excelentemente en griego los diez primeros cantos.

B. Lavagnini