[Kvaedhi]. Coleccionadas en dos ediciones póstumas (1847 y 1884), las poesías de Bjarni Thórarensen (1786-1841), que fue el primer escritor romántico islandés, versan sobre afectos diversos, expresados en variadas formas. En las lamentaciones (citaremos las compuestas para su maestro Jón Jónsson, para Saemundur Magnússon Hólm, para Oddur Hjaltalín), género que en Islandia tiene una larga y antigua tradición derivada de la «erfidrapa» de los escaldos, suele presentar el retrato psicológico del muerto, poniéndolo en contraste con las debilidades, vileza e ingratitud humanas.
En las poesías de amor volvió de nuevo al motivo, tan caro a los románticos, de la fidelidad hacia la novia muerta, del amor por la muchacha destinada a morir precozmente, y también el de la muerta que vuelve. A parte de una marcha guerrera, sus poesías patrióticas son cantos de nostalgia, como el Recuerdo de Islandia (v.), y de queja, como «Fljótshlídh», lugar antes ameno y ahora convertido en inhóspito desierto. No fue Thórarensen un poeta alado; sus composiciones son, desde luego, modestas. Pero no fue tampoco un espíritu vulgar; y desde el punto de vista histórico tiene interés el observar cómo este romántico enamorado del pasado de su patria, vuelve de nuevo a formas métricas y procedimientos estilísticos de la poesía de los Edda (v.), de la cual aparecen reminiscencias en sus versos.
V. Santoli

