Poesías de Eichendorff, Joseph von Einchendorff

[Gedichte]. Mu­chas de las composiciones poéticas más be­llas del gran poeta romántico alemán Joseph von Einchendorff (1788-1857) están incluidas en sus novelas, particularmente en Presenti­miento y presente (v.) y en los Episodios de la vida de un holgazán (v.).

Pero además, durante la vida del autor, aparecieron en un volumen autónomo, enriquecido con otras poesías que el poeta compuso independien­temente de sus trabajos en prosa. Eichen­dorff se nos revela en ellas como uno de los mayores — sin duda el más grande — entre los maestros del «lied» romántico alemán. Sus «lieder» son tan melodiosos y sonoros que parecen cantables hasta sin música. Los metros empleados se adaptan perfectamente al argumento de las poesías respectivas; no son estos metros muy variados, pero ello no importa demasiado, ya que tampoco lo es el contenido de las poesías. Su mundo es un mundo tan fantástico y extraordinario como sólo los románticos alemanes supieron con­cebir, crear y traducir en palabras.

Como en los cuadros de Kaspar David Friedrich, coterráneo de Eichendorff, los personajes imaginados por el poeta viven bajo vastos cielos, en noches encantadas de luna en silenciosos jardines, o vagabundean por bosques que el otoño hace policromos, o sobre ásperas y libres montañas. Nunca se dedican a profesiones burguesas. El ideal romántico odiaba las profesiones sedenta­rias. Sin programa, los personajes siguen sus impulsos viviendo como poetas, pinto­res, cantores; hoy aquí y mañana allá, pero siempre en aquellos maravillosos paisajes. Religiosamente, con estupor, cantan las be­llezas de la naturaleza. No existe poesía alemana tan recogida, tan dulce, ni que describa tan bien una noche lunar como «Es war, ais hátt der Himmel die Erde still geküsst», o el delicado y tierno «Zwielicht».

El poeta subdividió sus poesías en varios grupos: «Wanderlieder», «Sángerleben», «Zeitlieder» (las únicas en las que el poeta tomó una posición decidida ante los problemas de la agitada época en que vivió), expresando en algunas su impa­ciencia por ver a alemania libre del yugo napoleónico, y más tarde su desagrado al ver la patria en manos de políticos inep­tos. Véase a este propósito las amargas e irónicas poesías contra los llamados «Altdeutschen», aquellos jóvenes que con me­dios de dudoso gusto, trataban de hacer revivir las costumbres alemanas de la Edad Media. Pero Eichendorff no era un poeta político; su mundo es un mundo de pura fantasía; hacia el fin de su vida se hizo más decidida su inclinación al catolicismo, del que siempre fue observante.

Era, por otra parte, una inclinación muy de acuerdo con la concepción de la vida de la época romántica, que sufrió fuertemente la fas­cinación del catolicismo y que a veces se complació en tendencias místicas. Eichen­dorff tituló una sección entera de sus composiciones líricas «Cantos espirituales», pero se puede asegurar que ésta es una denominación puramente externa, porque las poesías de este ciclo son muy semejan­tes a todas las demás; el fondo místico de dichas piezas queda vago, indeterminado; tenemos siempre la impresión de mirar pai­sajes maravillosos a través de una ventana o en un cuadro. Léase a este propósito «Die Flucht der Heiligen Familie». En el «Sángerleben», Eichendorff mismo nos ex­plica la concepción que tiene del poeta: una criatura libre, a la que no oprime ningún peso, vagabunda, viviendo siempre en un mundo de pura belleza y cuyo único fin es llevar a la humanidad el ideal y el bien.

De cuando en cuando sufre crisis de melancolía, pero la alegría y la voluntad de vivir terminan triunfando siempre. Eichendorff escribió también algunas romanzas; no son éstas sus mejores creaciones, pero entre ellas hay una que es más bien una dulce y cordial poesía de amor (tomada de Presentimiento y presente, donde la canta Erwin): «In einem kühlen Grunde», que se ha convertido en un canto popular. Las poesías de Eichendorff han sido pues­tas en música por los mayores composito­res: Mendelssohn, Schumann, Robert Franz, Hugo Wolf y otros.

C. Gundolf