Barba Jacob fue uno de los pseudónimos usados por el poeta colombiano Miguel Ángel Osorio (1883-1942). Su poesía — esencia de su vida misma — fue logrado fruto de ese esforzado vivir.
Simple balbuceo lírico al principio, fue perfeccionándose hasta alcanzar la serena cumbre de «La canción de la vida profunda», de la «Nueva canción de un azul imposible», de «Los desposados de la muerte», de «Un hombre», de «Acuarimántima» y de la «Balada de la loca alegría», preciosas gemas de la poesía hispanoamericana, talladas con paciente artesanía de lapidario, que reflejan y acendran toda la dolorosa experiencia humana del poeta, sus dudas lacerantes, su frenesí amoroso, su jubiloso sentido pánico de la vida, su rebeldía, su entrañable compenetración con la naturaleza, su ironía, el recuerdo de su infancia y a la vez un ingenuo nihilismo, cruzado con ráfagas de ternura, de fe y de esperanza.
La producción poética de Barba Jacob es tan desigual como lo fue su contradictorio vivir; pero esta desigualdad sirve para valorar el esfuerzo persistente del artífice en pulir su obra hasta lograr el dominio del divino y misterioso lenguaje de la poesía. Fue esencialmente un poeta de América: el caracol de su poesía recoge el vasto rumor circundante de un mundo que apenas comienza a vivir. Cósmico rumor de angustia, de dolor y de júbilo dionisíaco. Fue uno de sus propósitos como poeta, el dar un nuevo impulso a la lírica americana, sacándola del estado en que la habían dejado los grandes románticos: Isaacs, Silva, Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón, etc. Con desconcertante previsión, Barba Jacob antevio la suerte que correría su obra y el doloroso final de su vida, hechizada y errante: «La posteridad separará las gavillas pequeñas y vanas, las que brillan menos por la madurez de los granículos que por el vivido oro de las pajuelas.
Se me reducirá, acaso, a unas cuantas páginas de antología, con la significación de «errabundo y extraviado». ¡Pero algún grito mío subsistirá, porque por mi boca han hablado el dolor, el terror y la esperanza…! Y «Acuarimántima» fulge en la lejanía…». «Envejeceré en el noble ejercicio de la rima y en el amargo ejercicio del trabajo sin idealidad… Se me rechazará al fin de los periódicos… Iré a los hospitales como Verlaine… Después un viento…, un viento… un viento…, y en ese viento mi alarido». Barba Jacob no alcanzó a recopilar su obra y editarla. De ella se han publicado varias antologías, en las cuales el texto de muchos poemas presenta notables diferencias. Entre estas antologías pueden citarse: La canción de la vida profunda y otros cantos'(México); El corazón iluminado (Bogotá, 1942) y Antorchas contra el viento (Bogotá, 1943).
D. Achury Valenzuela

