Comprende los siguientes libros . del poeta catalán Carles Riba (nacido en 1893): Estances [Estancias], cuyo primer libro, escrito de 1913 a 1919, fue publicado en 1919, y el segundo (1920-1930) apareció este último año junto con el primero, editándose a partir de entonces ambos libros bajo el título genérico de Estances; Tres suites (1930-1935), 1937; Elegies de Bierville [Elegías de Bierville, 1939-1942], primera edición, Santiago de Chile, 1942; Del joc i del foc [Del juego y del fuego], redactado en diferentes épocas, 1946; Salvatge cor [Salvaje corazón], 1952.
En 1937 un crítico definió a Riba como «el mayor poeta catalán actual y el más clásico de toda nuestra historia literaria». Y este término «clasicismo» debe ser entendido como vinculación a una tradición literaria viva, como una situación de poesía en la que no sólo es posible hallar ecos de los mitos griegos, del «stil novo», del Romanticismo alemán o del Simbolismo, sino en la que la época del poeta y su mundo (su pensamiento y su pasión, su tragedia personal o colectiva) se dan en ella tan generosamente que la convierten en representativa, al nivel de las grandes producciones literarias.
Riba ha encontrado el camino para dar resonancia universal a su palabra, para que a través de ella se haga claro el contenido de un tiempo y de una circunstancia, de acuerdo con su definición de poesía: «Fer eíars els signes ais segles i els segles ais signes» [«Hacer claros los signos a los siglos y los siglos a los signos»!. En el proceso de universalización de la poesía catalana debemos recordar dos nombres: Maragall y Carner; pero no al Maragall autor de su poesía, sino al Maragall que abre, para la poesía catalana, la perspectiva del mundo y de la tradición literaria griegos (con gran sentido de actualización, v. Nausica) y del fecundo Romanticismo alemán. Carner (v. Poesías) debe ser recordado como el primero que se plantea el problema de la precisión lingüística y consigue crear un estilo moderno.
Sin todo ello es inexplicable la poesía de Caries Riba. El Riba humanista, profundo conocedor de los idiomas clásicos y modernos, traductor de Homero, de los trágicos griegos, de Plutarco, del Cantar de los Cantares, de Hölderlin, de Poe, etc., crítico y narrador, es previo también para comprender el sentido total de su poesía. Riba crea en Cataluña una forma de poesía difícil, pero no por filiación a ninguna escuela (a pesar de su relación, en los inicios, con el Simbolismo francés), sino por la íntima^ complejidad y profundidad de su contenido. Valéry en la poesía francesa y Guillén en la castellana ocupan un lugar semejante al de Riba. Dentro de la tradición catalana, por el rigor de sus versos y por la pasión intelectual que los vivifica, podemos compararle — con evidentes diferencias, pero sin ningún género de reserva — con Ausiás March.
Como en éste, hay en Riba un dominio y a la vez un forcejeo, una violencia constante del idioma para llegar a la suprema expresión. (La preocupación de Riba por el «métier» poético es un tema constante en su obra). Dentro de una clasificación general de la obra del poeta, podríamos distinguir dos épocas. La primera, caracterizada por una preocupación de tipo especialmente esteticista — para llamarle de alguna manera—, nos viene dada en Estances, Tres suites y Del joc i del foc. En ella encontramos influencias de los trovadores, del «stil novo», de Dante, de los poetas metafísicos ingleses, de los simbolistas franceses (ésta especialmente en Tres suites), alusiones y referencias a los mitos clásicos, etc.
Todo ello nos manifiesta cómo el poeta ha asimilado la mejor tradición literaria. Riba plantea en primer lugar el problema de. un arte exigente, en perfecta síntesis de fondo y de forma. En las Estances se advierte una exaltación vital, una profunda acumulación de experiencia. El amor, la pasión, el tiempo, el dolor, la muerte, con toda su gravedad y su historia en la vida del poeta y del universo, son objeto de personal interpretación y el afán del poeta pugna por inmortalizarlos y salvarlos de su caducidad. Y así lo más efímero (el gozo, el dolor, etc.) es visto desde un ángulo de eternidad. Del joc i del foc es un curioso libro de «tannkas», del cual el propio poeta afirma que tiene un valor de ejercicio poético. Obedece a una tendencia impresionista que encierra en una bella y rápida metáfora la sensación de un momento dado.
Incluido en el volumen hay un opúsculo titulado «Per a una sola veu» [«Para una sola voz»] integrado por excelentes poemas sobre los que la crítica apenas ha prestado atención. La segunda época la señalan las Elegies de Bierville y Salvatge cor. Elegies de Bierville traduce una honda experiencia individual y colectiva. El poeta tiene que refugiarse en su alma «como en una antigua patria» — según frase del romántico — para hallar la íntima justificación de su ser en relación con el mundo y con Dios. En el plano poético se superponen el recuerdo de Grecia—: símbolo para el poeta de muchas cosas — y el de su patria, de la que ahora se halla ausente. Esta actitud humana se manifiesta aún más intensamente en Salvatge Cor, donde, según propia afirmación del autor, se da libertad al «hombre elemental».
En él, como en el «Hércules Oetatus», evocado en uno de los sonetos, la experiencia toda del poeta se ha transformado casi en ascesis, en un camino de perfección hacia Dios, que en ninguna manera es fruto de una actitud religiosa adoptada «a priori», sino meta suprema de una actitud profundamente humana y humanista. En 1957 apareció Esbós per a tres oratoris, poetización de los temas de los Reyes Magos, el Hijo pródigo y la resurrección de Lázaro. De la poesía de Caries Riba existen las siguientes versiones castellanas: Elegías de Bierville (texto original y versión y prólogo de Alfonso Costafreda. Colección «Adonais», XCIII. Madrid, 1953); Salvaje corazón (texto original y traducción — en verso y literal a pie de página — por Rafael Santos Torroella. Universidad de Salamanca, 1953); Obra poética. Antología (texto original y versiones castellanas. Selecciones de Estances, Tres suites, Elegies de Bierville, Salvatge cor y Els Tres Reis d’Orient, traducidos por Rafael Santos Torroella, Paulina Crusat y Alfonso Costafreda. «ínsula», ‘Madrid, 1956).
A. Comas

