Poesías, Antonio Feliciano de Castilho

Habiéndose forma­do literariamente en el clasicismo arcádico, Antonio Feliciano de Castilho (1800-1875) tomó parte en la revolución romántica, pero manteniendo intacto su fondo clásico. En su fecunda producción lírica el romanti­cismo se revela, en efecto, únicamente cons­truido sobre planes preconcebidos más que naturalmente sentidos y vividos.

Poeta au­ditivo como el primero, y de una finura toda ella retórica (perdió la vista a los seis años), Castilho más que a una experiencia interior tiende a mantener su sentimiento dentro de las exigencias de la tradición, transfiriendo, como se ha notado, «sus cui­dados del fondo a la forma». Esta tenden­cia se revela desde su primera obra: las veintiuna epístolas que forman las Cartas de Eco a Narciso [Cartas de Echo a Nar­ciso, 1821], en que el sentimiento epidér­mico de las Heroidas (v.) ovidianas se funde con la franca sensibilidad de la Nueva Eloísa (v.) de Rousseau. El mismo con­traste entre lenguaje poético tradicional y espíritu moderno se encuentra también en el poema Primavera (1822, con la segunda parte: A festa de Maio), en que sobre la trama de reminiscencias clásicas (y tam­bién aquí sobre todo Ovidio con su Arte amatoria, v.) compone visiones de la natu­raleza y cuadros idílicos que han suscitado, por su exquisita perfección formal, su com­paración con Safo y Anacreonte.

En las poesías de Amor e Melancholia ou a Novissima Heloisa (1828), su enlace con la Arca­dia es más débil, y sobre la aridez de su fondo clásico prevalece la efusión román­tica, el espíritu religioso, el entusiasmo na­cional y la acentuada sentimentalidad; pero todo ello contenido dentro de los moldes y a la manera de la tradición. Una fusión más equilibrada de lo antiguo y lo nuevo nos ofrece el poema A noite do Castello (1836), un típico ejemplo de tema román­tico con interpretación clásica. La Edad Media, con sus costumbres caballerescas y sus fábulas góticas, es evocada en un len­guaje arcaico de armoniosa y melancólica gracia. El temple romántico es más sentido en el poema Los celos del Bardo [Os ciumes do Bardo, 1838], inspirado en un pesi­mismo byroniano rebosante de protestas contra el destino; pero su fuego sigue sien­do completamente literario, y también aquí se ha admirado más la pureza lingüística que la emoción del poeta.

Son notables tam­bién, por su elegancia y limpidez formal, las poesías en cuartetas A visao, O sao Joao, A noite do cementerio, inspirados en motivos populares, y la tardía poesía Outoño (1862) en que reviven los temas armoniosos de Ribeiro y de los renacentistas portugueses. Poesía de transición, la de Cas­tilho halla su validez en el culto de la forma que absorbe con absoluta pureza toda la lengua poética de la tradición y sólo en tal función conservadora se halla el secreto del indiscutible dominio que ejerció desde la muerte de Garrett la llamada escuela de Coimbra.