Poesías, Antonio de Maluenda

La poesía del autor y religioso español Antonio de Maluenda (nacido a mediados del siglo XVI, y del que no se tienen noticias sobre su vida), sin que sobresalga del tono general de la literatura de su tiempo, debe ser tenida en cuenta por su dignidad temática y literaria y sobre todo por la serenidad de su verso, que le hizo merecer del Conde de Villamediana los calificativos de «Fénix español» y de «Virgilio castellano».

La única edición que tenemos es la que pu­blicó don Juan Pérez de Guzmán y Gallo en 1892 bajo el título Algunas rimas cas­tellanas del abad don Antonio de Maluen­da… Casi la totalidad de esta edición la constituyen sonetos, algunos de ellos de elevada preocupación moral y religiosa, que se resuelven en una forma más bien conceptista; otros, en cambio, lucen toda la gama de colores de la adjetivación gongorina, con las imágenes y metáforas correspondientes, si bien conservando siem­pre una agilidad y naturalidad extraordi­narias. Pérez de Guzmán dijo de los versos de Maluenda que «tienen la abundancia y el número de palabras de los de Espi­nel; la rotundidad y el nervio de los de los Argensolas; la riqueza de colorido de los de Góngora…; la suprema intuición y corte­sía de los de Villamediana, y puede decirse que a ninguno de estos poetas es inferior».

En la edición los versos se dividen en reli­giosos: a Cristo crucificado («Cuando os miro pendiente de un madero»), a la Vir­gen, al Santísimo Sacramento, etc.; heroi­cos: a Carlos I y Felipe II; laudatorios; morales: honor, desengaño, fortuna, etc.; galantes: «A una dama que tenía un clavel en la oreja», «Al búcaro de la rosa», «A una cinta blanca», etc.; amorosos: al Amor («Este ingenioso artífice de engaños,/dulce en el nombre, en los efectos crudo»), «A unos ojos», a los desengaños, al dolor, al llanto, a las inevitables Silvias, Filis y Cinthias («Si de la dulce flecha enarbolada /tienes, oh Cinthia, el corazón herido»), al desamor, a la muerte, a la esperanza, etc.