Poemas Saturnianos, Paul-Marie Verlaine

[Poèmes satur­niens] . Colección de poesías, la primera publicada — 1866 — por el poeta francés Paul-Marie Verlaine (1844-1896). Comenzando por el título (en el cual el epíteto «saturniano» traduce una expresión con que Baudelaire juzgaba sus Flores del mal (v.), después de su condena), la obra se propone significar una visión sombría y violenta de la vida, pero libre en su propia sed de placer.

Como la antigua ciencia astrológica enseñaba, el autor declara en la dedicato­ria la naturaleza misteriosa de los que han nacido bajo el signo de Saturno: vivirán siempre con imaginación inquieta y tem­blorosa, viendo los aspectos de la realidad más atormentadores y contradictorios. La obra nos introduce en las visiones de un París lleno de corrupciones, pero en un tono pintoresco y vivaz que transfigura su materia y da a cada escena un carácter exquisitamente evocador. Pero en medio del mal brilla la luz, y entre el amor y la esperanza el joven poeta capta el símbolo del bien en el suspiro del amor, «Mi sueño familiar» [«Monrêve familier»] y «El beso» [«Il bacio», en italiano en el original], del mismo modo que con un suspiro se entrega a contemplar dulces paisajes («Marina» [«Marine»], «Paseo sentimental» [«Promena­de sentimentale»]), o canta la paz de la naturaleza («Canción de otoño» [«Chanson d’automne»] y «El ruiseñor» [«Le rossi­gnol»]).

Estas actitudes, inspiradas en una atmósfera musical que todo lo transfigura, ofrecen en este volumen un tono que pronto hará suyo en las Fiestas galantes (v.), por la delicadeza de visiones languidecientes, y un sentimiento amable y melancólico que vela el dolor en un tenue susurro. Pero el valor polémico del conjunto está represen­tado por los más frecuentes motivos par­nasianos en la pretendida impasibilidad de las descripciones («Savitri» [«Çavitri»], «Césàr Borgia» [«César Borgia»])/y ya en la selección de los temas se nota una ner­viosidad muy baudelairiana en su contraste entre la hipocresía del mundo vulgar y la libertad del poeta («Jesuitismo» [«Jésuitis­me»] y «Monsieur Prudhomme», proverbial tipo de burgués).

Estos diversos caracteres indican en Verlaine un artista que sabe aprovecharse, por medio del movimiento parnasiano, de las mismas tendencias épi­cas de un Hugo (por ejemplo en la «Muerte de Felipe II» [«La mort de Philippe II»]) pero ya tiende, aunque desordenadamente, a salir de los límites de un refinamiento descriptivo por leves modulaciones musica­les como por exageraciones a veces maca­bras y ya íntimamente simbolistas. Así, aun después de su nueva actitud en Sagesse, Ver­laine reconocía la importancia de los Poe­mas Saturnianos en una reimpresión de 1890, al precederla con un interesante prefacio justificativo.

C. Cordié

Si Baudelaire ha puesto al desnudo psico­lógicamente su corazón, Verlaine lo ha puesto al desnudo musicalmente. Ninguna palabra es lo que su vecina para lo que no se puede expresar… su verso tiene la in­flexión de las voces que han callado largo tiempo o que no han hablado todavía; no se parece a nada de lo que ha sido hecho antes por él, a nada de lo que se podrá hacer. (Thibaudet)

Su poesía mejor que otra alguna demues­tra que la magia de la palabra es muy otra cosa que un juego fútil. (A. Béguin)