Poemas Lusitanos, Antonio Ferreira

Colección de las poesías del portugués Antonio Ferreira (1528rl569), publicada póstuma por su hijo, en Lisboa, en 1598. La poesía de Ferreira se enlaza con el Renacimiento portugués, y más que una búsqueda de expresión atestigua el esfuerzo de asimilación de una forma y de una cultura.

Venido después de Sá de Miranda, él considera ya agotadas las fórmulas españolas de que se beneficiaban los poetas de su tiempo y dirige su poesía decididamente hacia los modelos clásicos e italianos, haciéndose «teorizador del clasicis­mo y orientador del primer grupo clásico» (Figuereido). Esta colección se compone de numerosos sonetos, de trece odas divididas en dos libros, de varias elegías, églogas, epigramas y epitafios. Los sonetos no salen de la mitología sentimental de Petrarca, pero ofrecen una composición formal que por su técnica ya que no por su musicalidad los colocan inmediatamente después de los de Sá de’ Miranda, del cual siguen su plato­nizante idealismo («Aquelle claro Sol, que me mostrava», «Aquella nunca vista fermosura»).

Son curiosos los dos sonetos es­critos en lengua arcaica sobre el episodio de Briolanza del Amadís de Gaula (v.). Las odas y las epístolas se mantienen en la línea horaciana (de donde el sobrenombre de «Horacio portugués» que se dio al autor) y, como su modelo, se aplican a expresar las razones didascálicas y las ideas cívi­cas del poeta que aspira sólo a la gloria de cantar en su propia lengua para su tierra y para su gente: «Eu desta gloria so fico contente/que a minha térra amei e a minha gente». Ferreira adapta estas aspiraciones a temas líricos que no traducen un senti­miento, sino que llenan una forma y una musicalidad casi indiferentes a su conte­nido. Con todo, por esta experiencia formal, los Poemas lusitanos conservan, dentro del marco del ideal clásico y del gusto italia­nizante, una fisonomía propia.

C. Capasso

Antonio Ferreira, aunque sólo por suges­tiones y consejos, fué en la literatura por­tuguesa el único crítico que verdaderamen­te orientó y guió, crítico que no disertó nunca, nunca teorizó, sino que fué poeta de elevada mente crítica. (F. de Figuereido)