Poemas Latino, Giovanni Pascoli

Con este título se publicaron, primero en el año 1914 y después en 1930, al cuidado de su hermana María y recogidas en dos volúme­nes, las poesías latinas de Giovanni Pascoli (1855-1912). Comprenden algunos ciclos muy distintos, que por su tema corren parejas con su producción italiana.

Estas poesías líricas esparcidas hasta. entonces, unas se­tenta, están reunidas todas con el título «Poemata et Epigrammata» (1885-1911), di­versas por su metro y tema, y en su mayo­ría poesías de ocasión, entre ellas la reina de sus elegías : «Crepereia Tryphaena» (1893), oda sáfica inspirada en el descubri­miento, en Roma, de un sarcófago con el cadáver de una joven adornada de larga cabellera. Los demás grupos se siguen en orden, casi cronológico y de creciente ins­piración. Están, en primer lugar, los cuatro poemas geórgicos didácticos, compañeros de los Primeros poemas (v. Pequeños poemas), titulados «Ruralia» (1895-1899), entre los cuales son notables el «Myrmedon» (1893), sobre las hormigas, cuyo tema se vuelve a tomar en el «Mechón» [«Ciocco»]; siguen las «Res romanae» (1892-1906), el «Liber de Poetis» (1891-1910), los «Poemata Christiana» (1901-1911) y finalmente, «Hymni in Romam», «in Taurinos», de 1911.

La parte más notable está inspirada en la historia de Roma antigua, como para cerrar el ciclo histórico de Odas e himnos (v.) con un retomo a los orígenes y como para continuar el ciclo griego de los Poemas Convivíales (v.) con una representación paralela a ellos, de la prehistoria del anuncio de Cristo. También aquí el poeta revive la historia por figuras, porque lo que le interesa son los contrastes de las almas; pero a diferencia de los Convivíales, la reconstrucción histó­rica del ambiente toma una parte mucho mayor y las figuras de los héroes están todas, con preferencia, tomadas de la vida común, de los perseguidos o de los oprimidos, y sobre el fondo de la Roma imperial, y no de la republicana, tan querida de la tradi­ción poética italiana.

La verdadera obra maestra de las «Res» es el «Laureolus», un episodio de un bandido de Ariccia a quien han tomado por un dios local, Virbio; la poesía se resuelve en una delicada pintura de ambiente y de la piedad religiosa de dos humildes ancianos. En el «Liber de Poetis» es evocada la antigüedad romana a través de sus más grandes poetas, Virgilio, Hora­cio, que aparecen ora en el fondo, ora en primer plano; un verso, un pasaje del ori­ginal, una noticia biográfica, bastan a Pascoli para reconstruir poéticamente aquel mundo histórico, en el que se mueve como gran señor.

En «Senex Corycius» (1902), aquel anciano de Corico que de pirata se convierte en hortelano, cultiva su huertecillo junto a Tarento y, visitado por Virgi­lio, le indica las bellezas de su modesta propiedad, parte desde luego de las Geór­gicas (v.), pero reanuda el tema y lo desa­rrolla con ánimo y sentimientos muy propios de Pascoli; Horacio, a su vez, es el prota­gonista de la obra maestra de este grupo: «Fanum Vacunae» (1910), en veinte cumplidas partes que reproducen veinte metros diversos usados por Horacio; se refiere en el poema la llegada de Horacio a la villa Sabina; la primera noche inquieta, seguida de un sueño agitado hasta el alba, por la visión tumultuosa del transcurso de su vida; cuando despierta, el poeta visita su nueva morada y, recorriéndola, se abandona al encanto de sus mil voces, de sus colores. En «Phidyle» (1893) se imagina un diálogo junto a la fuente Bandusia, entre Horacio y una jovencita campesina, hermana en poesía de Rosa y, en último lugar, el ciclo cristiano, con los ejemplos más altos de la poesía pascoliana y toda la moderna en latín.

El marco continúa siendo el de la historia, pero ahora en el momento crucial de ella (el más apto para inspirar a Pascoli), el del paso del paganismo al Cristianismo. Con justa visión histórica es­coge sus protagonistas entre la muchedum­bre: en el «Centurio» el mismo centurión que ha visto la muerte de Jesús cuenta el hecho a un grupo de muchachos que salen de la escuela; la idea del testimonio de la nueva fe en el derrumbamiento del mundo antiguo por parte de aquellos ino­centes es completamente pascoliana. En 1858 había sido descubierto en una estancia del Palacio Imperial un grafito que reproduce un Cristo crucificado con cabeza de asno, y debajo el escrito gramaticalmente inco­rrecto («Alexámeno adora a su Dios»): allí había tenido su residencia uno de los colegios donde los príncipes, rehenes de reyes extranjeros, eran educados en el lenguaje de Roma.

De allí nació el «Paedagogium», por lo cual el poeta imagina que aquel grafito es de uno de aquellos educandos, un galo violento y pendenciero, encerrado en aquella celda por haber pegado Alexámeno un compa­ñero pacífico, dulce y estudioso (retrato de Pascoli colegial en Urbino, que nos hace recordar en seguida «Los dos muchachos» y «Los dos primos»); por la noche el galo se arrepiente de lo que ha hecho, pide per­dón y aprende a conocer de su compañero quién es aquel Dios crucificado, y le sigue en su martirio. La tragedia del corazón ma­terno está expresada en «Thallusa» y «Pomponia Graecina»: la primera, una pobre es­clava a quien le han arrancado un hijo y ahora la expulsan de la casa por haber amado demasiado al hijo de sus amos; la segunda una rica matrona que, por no ver­se separada de su propio hijito, reniega de Cristo, pero después se arrepiente, y cuando desciende a las catacumbas el día del incendio causado por Nerón, ve que han llevado allí a un sobrinito suyo que ha muerto mártir de la fe.

Estas son sus obras maestras, y ciertamente no hay nada que por su viveza, «pathos» y sencillez tenga igual en la poesía italiana de la misma época. Magníficos son, finalmente, «Himno a Roma» y el «Himno a Turín», que evocan los momentos principales de la historia de las dos ciudades. Es mucho mejor el pri­mero, donde se halla el conocido pasaje de la «lámpara inextinguible», según la leyen­da medieval de la lámpara encontrada en el Palatino junto al sepulcro de Pallante (también narrada en la trilogía que sigue al «Fanum Apollinia»). Los dos himnos los tradujo el propio Pascoli y se leen en los póstumos Poemas del «Risorgimento».

C. Curto