Poemas Conviviales, Giovanni Pascoli

[Poemi conviviali]. Es una de las obras mejores de poe­sía de Giovanni Pascoli (1855-1912) y de las más importantes e interesantes de la literatura moderna, inspiradas en la an­tigüedad (de un irlandés, Emil Zilliacus, es la áurea obrita Pascoli et l’antiquité, Helsingfors, 1909).

Es la primera vez, desde la época del Humanismo, que el mundo clá­sico retorna a nosotros como tema y asun­to de poesía, y esta vez en la totalidad de su curso secular desde sus orígenes homé­ricos, al advenimiento de Cristo, y en el sentido de un humanismo moderno. Por lo tanto, su materia es histórica y épica, lo que justifica también su título, puesto que, dice Pascoli, «la épica nació en los banque­tes» (y el hecho de que algunos de estos poemas se publicasen antes que en volumen, el año 1904, en la revista romana «Convito», en 1895, fue sólo una feliz coincidencia de nombre). Un convite representa, en efecto, la escena del «Solón» con que se abre el libro, y una cantante de Eresus (Lesbos) lleva a el dos cantos de Safo, uno de amor y otro de muerte. Pero ya en el amor está el presentimiento de la muerte, en un co­mún anhelo de paz y disolución.

El tema dominante de estos cantos, en general, es la muerte, a cuyo reflejo la vida se ilumina, adquiere un sentido propio, como de una más alta revelación, en el albor de una luz nueva. Los mitos clásicos están de este modo humanizados. Sus héroes vuelven por ello a la tierra con el peso de su mortalidad, pero no por esto rebajados, ni destruidos, pues no se rompe así su encanto, sino que resultan más vivos, por medio de una inter­pretación de la antigüedad que está fuera de la rutina y las disecciones de la filología. Esta muerte romántica no es menos serena y fuerte que la antigua. Ejemplo máximo «El último viaje», en veinticuatro cantos breves; la trama es la de la Odisea (v.). Ulises vuelve a recorrer las etapas de su largo errar por el mundo, a soñar su ensueño juvenil: en vano a cada etapa Cir­ce y el Cíclope y las Sirenas se revelan como ilusiones de los sentidos; con el nau­fragio frente a la isla de Calipso se ex­tingue el ensueño Supremo.

Así muere Aquiles («La cetra d’Achille»), después de un supremo abrazo de amor, como en un sueño; así Antíloco, el héroe compañero de Ulises («Anticlo), en la visión soña­da de las bellezas de Elena argiva. Poco diversa es la muerte de Sócrates (en los «Poemi di Psyche»), serena entre los juegos de los niños, y el grito fausto de una lechuza («La Lechuza») en el paso del alma, «divina psiquis», de la cárcel terrena al invisible mundo del espíritu universal. Y son mitos y símbolos del pro­pio pensamiento de Pascoli, de su filoso­fía y su estética.. En «El ciego de Quíos», en Homero que cambia el mal de su ceguera con el don de la segunda vista del alma y del amor, está figurada la estética del Muchachito (v.), así como en «Sileno» la idea de la belleza entendida como revela­ción o iluminación; en «Ivecchi di Ceo» los dos atletas moribundos, uno con hijos y otro sin ellos, está figurada la santidad de la vida, que continúa en «II poeta degli Iloti», esto es, en el Hesíodo de Los trabajos y los días (v.), la santidad emancipadora del trabajo; en «Gog y Magog» el senti­miento rebelde del sin pan; y finalmente en «La buena nueva» [«La buona novella»] la redención del hombre, en nombre del Cristo prometido.

En cambio, en los «Poemi di Até», la diosa del remordimiento, la con­dena fatal del que mata: el hombre («Até»), los hijos («La hétera»), la madre («La madre»). El artista y el humanista rara­mente se dan así la mano, y no se pue­de decir dónde comienza el uno y cesa el otro; pero en su inspiración de la antigüe­dad, la poesía está como sostenida en visio­nes más vastas y seguras y, a menudo, raya en la perfección.

C. Curto

En los Poemi Conviviali habla griego con palabras italianas, pero con todas las in- flexiones y giros y alusiones de quien se ha nutrido largo tiempo de poesía griega. Este libro es un triunfo de la virtud asimi­ladora y una obra maestra de cultura hu­manista. (B. Croce)