Poemas Antiguos y Modernos, Alfred de Vigny

[Poèmes antiques et modernes]. Volumen que reúne la producción poética de Alfred de Vigny (1797-1863), desde sus comienzos hasta el 1831. Su primer núcleo publicado en 1822, fue ampliado en sucesivas reim­presiones, hasta la de 1837; y hubo retoques y enmiendas en las ediciones posteriores, hasta la definitiva de 1859.

En el prefacio, el autor se atribuye el mérito de haber introducido en Francia la poesía de pensa­miento; y es, en efecto, su nota distintiva en el gran concierto de la lírica romántica. Ya la breve colección de 1822 mostraba la intención de señalar la historia de la huma­nidad, desde los tiempos más antiguos a los modernos; este designio se aclara y enriquece en este volumen, que fue acre­ciendo. Precede un «Libro místico» que comprende Moïse, la humana tristeza del Grande, que busca en vano el afecto en su alta soledad; Éloa, el ángel femenino que se compadece de Satán y es por él seducida; Le Déluge, el angustioso misterio por el cual el inocente es castigado con el cul­pable, o por el culpable. El «Libro antiguo» va desde la antigüedad bíblica, en que La filie de Jephté repite la misma pregunta del Déluge, a la homérica (cuadros al gus­to de A. Chénier, ejercicios poéticos juve­niles).

El «Libro moderno» pasa de la Edad Media de Orlando (v.) y de Roncesvalles (Le cor) al siglo XVII en el que la «Máscara de hierro» repite su pregunta desesperada (La prisión), a la España pintoresca y apasiona­da (Dolorida), a la crónica actual muy pen­sada y sentida (Les amants de Montmorency), a la apocalíptica visión de la ciu­dad, crisol de todos los dolores, los vicios y los pensamientos (Paris). Un débil poemita juvenil, Héléna, ultrabyroniano, había sido rechazado por el autor, desde su pri­mer volumen. Una densa riqueza espiritual, una música íntima, desconocida por el pri­mer Victor Hugo, caracterizan estos Poemas, que culminan en Mo’ise (1822), una de las cúspides de la poesía romántica, con perfec­ta fusión entre la idea y la figura. Éloa (1823), que tuvo el mayor éxito por sus tier­nas languideces, contiene soberbios destellos prebaudelerianos; Le cor (1825) es una magnífica, sugestiva, melodiosa balada. Y siempre torna el tormento del poeta, por sus preguntas a las que Dios no responde. Aristocrático, contenido apenas, a veces un poco amanerado, el autor de los Poemas pudo ser oscurecido por Hugo, ser menos querido entonces por los jóvenes y las mu­jeres, pero ya mostraba el temple de un artista más fino, destinado a durar más y mejor.

V. Lugli

Hay algo de Pascal en Vigny; un Pascal que llegó muy tarde, cuando el jansenismo y tal vez también la religión no servían ya para curar. (Lanson)

Alfred de Vigny es un diamante negro. Graba en el fondo del alma. (E. d’Órs)

En comparación con él, autor de pocas poesías con escasa maestría, descubren su íntima pobreza los lujosos Hugo y los difu­sos y resbaladizos Lamartine, y volviendo la vista a la muchedumbre de los demás, nos inclinamos a sacar en conclusión que Alfred de Vigny, así como figura entre los más altos ingenios poéticos que jamás sur­gieron en tierras de Francia, es probable­mente el más grande de los poetas france­ses del siglo XIX. (B. Croce)

Vigny introdujo en el lirismo francés, con la pureza marfileña de su verso, el cuer­no encantado del romanticismo alemán, que un siglo después de la batalla de Ronces- valles hizo resonar Hugo en la batalla de Hernani. (Thibaudet)