Poema de Völundr, Anónimo

[Völundarkvidha]. Este poema, uno de los más notables y vigo­rosos entre los édicos (v. Edda), empieza narrando cómo tres muchachas, hijas del rey, llegadas del Sur envueltas en plumas de cisne que les conceden el poder de volar, se posan a la orilla del mar y contraen matrimonio (obligadas, evidentemente, a quedarse, privadas de las plumas de cisne) con tres hermanos: Egil, Slagfidr y Völundr.

Pasan así ocho inviernos; al noveno, em­prenden el vuelo. Los tres hermanos, al re­gresar de la caza, encuentran la casa vacía. Mientras los otros dos van en busca de las jóvenes, Völundr, solo, realiza trabajos de platero. Nidud, rey de los Niari, se entera de ello, y por una pulsera sustraída mientras Völundr se halla cazando, puede hacerse idea de su habilidad. Cuando Völundr llega a su casa, después de haber asado carne de oso, cae en un sueño profundo. Al despertar se encuentra atado de pies y manos. Llevado a la corte de Nidud, la reina hace que le rompan una pierna y le dejen confinado en un islote cercano a tie­rra firme. A la injuria sigue la atroz ven­ganza: Völundr descuartiza a los dos hijitos de Nidud, monta en plata los cráneos, enviándolos como copas al rey, y engasta los ojos, mandándolos a la reina, mientras con los dientes fabrica un collar para la joven princesa Bödvildr; luego, tras haberla emborrachado, viola a la misma Bödvildr. Cumplida la venganza, se eleva con las alas que, nuevo Dédalo, ha fabricado, y anuncia al impotente Nidud la carnicería y la injuria infligidas.

El comienzo del poe­ma es, por consiguiente, fabuloso: comienzo felicísimo para un poema cuyo argumento es tan horrible; el cambio está hecho con gran eficacia. Bello es también el final de Völundr (¿conocía tal vez el poeta el mito de Dédalo?), que emprende el vuelo con las alas que tan ingeniosamente ha fabricado. En el poema se refleja el sentir de una socie­dad bárbara en la cual la sed del oro y de los adornos preciosos es un impulso fortísimo; de una sociedad cruel en la cual la venganza es el único medio de lavar la ofensa y restaurar el honor. Tal como se ha conservado hasta hoy día, el poema pre­senta varias lagunas y defectos sin duda imputables a la tradición oral a través de la cual se había propagado durante algunos siglos.

V. Santoli