Pobreza, Antón Wildgans

[Armut]. Tragedia del poeta austríaco Antón Wildgans (1881-1932) repre­sentada y publicada en 1914. La obra, estrictamente expresionista, sufre sin embar­go la influencia de las más distintas corrien­tes, especialmente del neorromanticismo y del realismo.

Es la tragedia de una fami­lia, cuyos miembros poseen excepcionales dotes espirituales y sensibilidad, pero que son demasiado débiles para reaccionar de un modo eficaz contra la horrorosa miseria en que viven, y bajo la cual acaban por su­cumbir. El padre, José Spuller, un soñador idealista adorado por sus dos hijos, tra­baja hasta ponerse enfermo para sostener a su familia, pero la enfermedad que du­rante mucho tiempo había logrado ocultar se declara finalmente, y de este modo au­menta más el peso que ya han de llevar sus familiares. Éstos, sin embargo, hacen lo que pueden para aliviar sus sufrimientos. Hasta la madre, que anteriormente había tenido unas inútiles rebeliones contra el destino, recobra su dignidad en presencia de la catástrofe que está a punto de abatirse sobre la casa. El mejor amigo del padre es su hijo Godofredo, estudiante de bachi­llerato, desnutrido, lleno de áspera ironía contra la suerte, aunque íntimamente bue­no e idealista al igual que su padre.

En sus brazos éste soñará sus últimas fan­tasías de belleza y alegría, y con su muerte disolverá por un instante la aspereza del alma de Godofredo, haciendo de él un poe­ta. La hija, María, está incluso dispuesta a venderse a un cínico estudiante, para obte­ner el dinero con que curar a su padre, pero la abnegación de la muchacha emocio­na al joven, que da el dinero sin aceptar su sacrificio. Desdichadamente tampoco el di­nero del estudiante llega a tiempo. El padre muere; en el último acto asistimos a las sórdidas formalidades necesarias para el entierro. En los supervivientes la vida sigue vulgar, sin luz para el mañana. El drama tuvo un gran éxito; hoy ya no nos acaba de convencer. Hay mucho sentimentalismo y los personajes corren el riesgo de llegar a ser retóricos.

C. Gundolf