Pobreza no es Vicio, Alejandro Ostrovski

[Bednost ’ne porok], Comedia en tres actos de Alejandro Ostrovski (Aleksandr Nikolaevič Ostrovski), 1823-1886), publicada en 1851. Entre las co­medias de Ostrovski dedicadas a la clase de los comerciantes y de un modo particular al llamado «samodurstvo», es decir, a la igno­rancia mezquina y egoísta de esta clase, Po­breza no es vicio pone de relieve la ten­dencia completamente equivocada del co­merciante a salir de su ambiente, empujado por la vanidad y la ambición burguesa.

Gordej Karpyc Torcov, comerciante acomoda­do de una pequeña ciudad de provincia, se unió, hacia los sesenta años, con un gran fabricante de Moscú, Korsunov, cuya ri­queza y lujo le cegaron. Avergonzándose de su humilde origen, quiere levantar a su fa­milia al tono de la capital. De ello se sigue una enorme confusión, mezcla de espanto y pena, que desmoraliza a la mujer, a la hija y a los empleados del comerciante. Entre éstos está Mitja, enamorado corres­pondido de la hija de Torcov, Ljuboc Gor­deevna. El momento central de la comedia lo dan las fiestas de Navidad, cuando, sin saberlo el cabeza de familia, en casa de Tor­cov se organizan festejos y diversiones a la manera del buen tiempo antiguo, según la tradición que el anciano aspirante a burgués rechazó. En lo mejor de la fiesta llega Tor­cov con un huésped, el fabricante Korsu­nov.

Torcov anuncia que es éste el futuro marido de Ljubov. Ésta y su enamorado Mitja están a punto de ser víctimas de la vanidad del anciano comerciante, cuando interviene el hermano pobre de éste, Ljubim, que en un banquete organizado en honor de Korsunov le dice en la cara y sin rodeos al futuro esposo, además de muchas gracias, unas duras verdades. Korsunov, irritado, amenaza con marcharse, y Torcov, tocado en su amor propio, declara que dará su hija a Mitja. Esta declaración quiere ser solamente un modo para humillar al fabri­cante, pero acaba por transformarse en rea­lidad, con la victoria del buen sentido sobre la vanidad. Aunque la sátira se desarrolle sin aspereza en un tono de caricatura, pro­vocó polémicas entre las dos corrientes de occidentalistas y eslavófilos, en una época en que la lucha entre ellos era continua.

E. Lo Gatto