Po Hsiang – Shan Shih Ki, Po Chü-i

[Colec­ción de poesías de Po Chü-i]. Comprende casi todas las poesías de Po Chü-i (o Po Hsiang-shan, 772-846). Está dividida en treinta y nueve volúmenes, y sigue la cronohistoria del poeta: La poesía de Po Chü-i se distingue de toda la poesía china porque en ella el poeta se propone interpretar los sentimientos del pueblo.

Po Chü-i llora los dolores de los pobres, deplora las opresio­nes de los débiles y censura la injusticia de los nobles; por esto sus poesías bordean a menudo la sátira. Este concepto social de la poesía, que había de dar a su estilo una singular sencillez, hizo inmediatamente po­pular su obra, la cual, según se decía, era conocida hasta de las viejas y los niños del campo. Y netamente populares son sus temas, en los que se nos muestra el elemen­tal y no siempre generoso «pathos» del alma del pueblo.

En el poemita «La mujer de Chang-yang», el poeta imagina que una mujer de la corte de la Emperatriz Jui Tsung (710-712) de la dinastía Tang (620- 906), después de la rebelión de An-lu-shan (755 d. de C.) recuerda la triste vida pasada en el palacio imperial, donde entró de jo­ven y donde, por la envidia de la «esposa noble» (concubina imperial), envejeció sin haber podido nunca acercarse al. empera­dor. En el «Viejo Mutilado», un anciano cuenta al poeta que lo interroga que se mutiló a sí mismo, cuando era joven, para sustraerse al servicio; después de tantos años, aún padece de su mutilación cuando el tiempo está húmedo; pero no se arre­piente, porque de otro modo su cuerpo estaría ya roído por los gusanos en el cam­po de batalla.

El poemita «Canto de los perpetuos dolores» narra la historia del em­perador Hsüan Tsung (713-756) y de su concubina Yang Kuei-fei (v.); los perpe­tuos dolores son los del emperador después de la muerte violenta de la mujer amada, que se ha visto obligado a estrangular para calmar al pueblo amotinado. En el «Canto de la mandolina» el poeta, mientras ofrece una cena en honor de un amigo, navegan­do por el río Chen-Yang, oye de pronto un son de mandolina que expresa un dolor profundo. Manda traer a su presencia a la ejecutante y le pregunta su historia; y ella narra que ha sido abandonada por su ma­rido.

A veces, como en estas dos últimas poesías, hay temas tradicionales; otras ve­ces son motivos nuevos que el poeta toma de la observación de la vida de los pobres. Y, si bien no falta en ellas, a cada paso, la ruda invectiva partidista, el conjunto de esta producción poética muestra siempre el calor de una emoción franca y profunda.

S. Lokwang