Piezas para Clavicémbalo, Philippe Rameau

[Pièces de clavecin]. El primer libro de piezas para clavicémbalo fue publicado por Jean Philippe Rameau (1683-1764) en 1705, a los veintidós años; y en él ya se anuncian las que serán las más sobresa­lientes características de su arte en la edad madura.

El conocimiento del clavicémbalo, en estas piezas, no se muestra todavía muy profundo: hasta aquella época Rameau ha­bía cultivado con preferencia la música de órgano y para este instrumento más que para el cémbalo parece escrito el «Preludio» inicial. Pero su valor armónico es parti­cularmente significativo. Otros músicos, como Daquin o Marchand, habían intentado análogas disposiciones de los acordes, sin llegar a imprimir a estas experiencias el significado lógico y ordenado a que llega Ra­meau, el futuro autor del famoso Tratado de la armonía (v.). En este primer libro, si las «Sarabandes» parecen algo rígidas y compasadas, algunas páginas, como una «Veneciana» y una «Gavota», revelan una gracia y una elegancia límpida y persona­les. Hasta pasados dieciocho años no pu­blica Rameau su segundo libro de piezas para clavicémbalo.

En estas páginas se afir­ma el pleno dominio instrumental; el uso de los ornamentos es rigurosamente apro­piado y eficaz, y siempre necesario y espon­táneo, Este segundo volumen va precedido de la nota «Méthode pour la méchanique des doigts», cuyos preceptos referentes a ciertos problemas de agilidad fueron reco­nocidos nada menos que por Cortot, en su edición crítica de los Estudios (v.) de Cho­pin, como útilmente aplicables también a la técnica del piano. Las armonías en estas piezas son voluntariamente sencillas y cla­ras; la melodía adquiere un inconfundible carácter y acento propios. Otra particula­ridad de esta colección es el abandono casi total de las formas de la «Suite»; con un «Minuetto», una «Allemanda», una «Cou­rante» y dos «Gigas», hacen juego dieciséis piezas en forma libre, verdaderos «Tableaux de genre» como los define Laloy, en que el autor «sabe pintar todos los sentimientos que se propone». Por su sinceridad en la expresión de los más diversos y contras­tantes estados de ánimo, deberíamos citar todos los trozos de este clásico que se ade­lanta casi dos siglos al impresionismo, desde «Tendres Plaintes», a la «Joyeuse» y la «Follette»; del «Rappel des oiseaux» a los «Rigaudons» y al «Tambourin».

Entre 1727 y 1731 publica una nueva colección de pie­zas para cémbalo, pero ya no tan vivas y espontáneas como las precedentes; recor­daremos como particularmente notables la «Gavotte» con variaciones, la «Fanfarinette», el «Menuet en sol majeur». Las Pièces en concert, que se publican en 1741, pertenecen a la última manera de Rameau: la emoción es sustituida por un espíritu ani­mado y brillante. Después Rameau dedicará al teatro durante ocho años lo mejor de su sensibilidad y de su inspiración. Las compo­siciones instrumentales pueden ser, en el fondo, consideradas como una preparación a la actividad emprendida sólo con la edad madura en el cuadro mayor de la música teatral entendida en su más alto signifi­cado, y en que el gran músico ha dado sus obras maestras.

L. Cortese

Rameau es la recompensa de nuestra fa­tiga y uno de nuestros más queridos asom­bros. (Rivière)

La armonía es sencilla, clara, con una ocasional y sabia tendencia a la disonancia. Sabe cómo decir mucho con pocas notas. Con todo, su tonalidad es firme y rica tanto en fuerza como en delicadeza. Difícilmente podemos imaginar un lenguaje más propio y más escogido. (L. Laloy)