Novela costumbrista del español Francisco Santos (1617-1697), fechada en 1668, una de las mejores que salió de su pluma y en la que la novela picaresca se mezcla con un extraño sentimiento de desengaño que demuestra la descomposición de este género. Y es que al género le falta ya vitalidad y Periquillo realiza sus picardías de una manera mecánica. La pretensión del autor no es otra que la de moralizar, lo cual explica el éxito que consiguió un siglo más tarde. En esta obra lo moral y edificante se ha sobrepuesto a lo propiamente pícaro.
Perico es ya casi un santo y no desaprovecha oportunidad para emitir sentencias morales y dar ejemplos de buena vida, como cuando el ama se enamora de él, o cuando le meten en la cárcel por loco. Parece que esta figura tiene un fundamento histórico en un personaje llamado Aroncillo el de las Gallineras, que vivió en Madrid entre 1646 y 1660. El autor nos presenta no al pobre que intenta salvarse de su condición, sino al desengañado que la acepta. Así todos los episodios, su hallazgo una noche de Navidad por un matrimonio, el incendio de la hacienda de su padre adoptivo, el ama que le requiere de amores y que ante su repulsión le despide, el servir a los gallegos, al ciego, etc. Periquillo no adopta la solución amoral de Lazarillo o de Guzmán, sino que sobre las mismas situaciones típicas de la picaresca, él se forma una filosofía moral. En la obra encontramos junto a lo sentimental, lo alegórico.
Muchas de las situaciones pretenden ser imagen de la vida misma. Asoman constantemente la moraleja y la sátira. Santos ha dado un paso importante en la evolución de la novela picaresca, y ésta si bien históricamente no termina hasta Torres de Villarroel, de hecho en Santos ha cambiado completamente de intención y ya no se puede llamar propiamente picaresca.

