Novela de costumbres del escritor mexicano José Fernández de Lizardi (1772-1827), que con el pseudónimo de «El Pensador Méxicano» dio a luz una extensa producción de tono panfletario y periodístico y varias novelas (La Quijotita y su prima, 1818; Don Catrín de la Fachenda, 1832).
El Periquillo Sarniento se publicó íntegro por primera vez en 1830-1831, y ha sido objeto de incontables reimpresiones. El buen éxito de esta novela, que refleja de modo realista la vida mejicana en tiempos de su autor, fue grande, y disfrutó de envidiable popularidad porque en ella cobran vida los diversos niveles sociales, con el lenguaje peculiar de cada uno, sobre todo el de los oficios y profesiones, el estudiantil, el de los abogados, los médicos, los jugadores profesionales, los ladrones, etc. Las escenas de la vida privada están descritas con minuciosidad y riqueza de datos, así como las leyendas y supersticiones de carácter popular.
Es indudable que muchos de los incidentes que forman la trama de esta novela están tomados de la vida misma de Lizardi. Nárrase la niñez del protagonista, y por las páginas dedicadas a ella desfilan sus progenitores, sus primeras escuelas y maestros, sus cursos universitarios y sus observaciones de la vida estudiantil. En busca de una profesión que exigiese la menor preparación posible, Periquillo se fija en el sacerdocio, pero malas compañías acaban por apartarlo de él. El temor de ser aprendiz lo lleva a un monasterio, del que sale al poco tiempo, y después de dilapidar su exigua herencia, emprende diferentes aventuras, durante las cuales entra al servicio de una serie pintoresca de amos: un escribano socarrón, un barbero, un médico charlatán, un subdelegado vicioso y un capitán del ejército.
Sólo por ser realmente cobarde (le faltaba valor para empresas peligrosas) no pudo aprovechar la oportunidad de hacerse salteador de caminos para ganarse la vida. El héroe de El Periquillo no difiere de sus congéneres de la novela picaresca española sino en que al final se arrepiente de su mala conducta, se pone a trabajar como un hombre honrado, y muere por fin convertido en un ciudadano respetable.
A. Millares Carlo

