Pericles, Príncipe de Tiro, William Shakespeare

[Pericles, Prince of Tyre]. Drama en cinco actos, en verso y prosa, atribuido en parte a William Shakespeare (1564-1616), escrito y representado hacia 1608, publicado en el «in quarto» de 1609, 1611, 1616 y 1630, y en la segunda edición del tercer «in folio» en 1664.

Fuente: la historia de Apolonio, rey de Tiro (v.) difundida en un texto latino del siglo V o VI, en la versión de John Gower (1330?-1408) en Confessio Amantis. Gower recita el coro del drama. Se ha dis­cutido de dónde viene el nombre de Pericles. Ni este nombre ni el de Marina se hallan en Gower, pero son comunes al drama y a la novela en prosa Las penosas aventuras de Pericles, príncipe de Tiro [The Painfull Adventures of Pericles, Prince of Tyre] de George Wilkins, publicado en Londres en 1608. Hay quien ha pensado que Wilkins mismo fue el colaborador de Shakespeare en el drama; otros piensan que la novela de Wilkins está basada en el drama. El embajador véneto Zorzi Giustinian vio una representación del Pericles antes del 23 de noviembre de 1608.

Pericles, príncipe de Tiro, amenazado por las tramas secretas de Antíoco [Antiochus], emperador de Grecia, deja el gobierno en manos de su honrado ministro Helicano [Helicanus] y zarpa de Tiro. La nave naufraga en las costas de Pentápolis, pero Pericles se salva. Llegado a tierra, vence en lid a los demás pretendientes a la mano de Taisa [Thaisa], hija del rey Simónides, y se casa con ella. Llega la noticia de que Antíoco ha muerto, y el pueblo quiere proclamar rey a Heli­cano; Pericles y Taisa parten para Tiro, y, durante una tempestad, Taisa da a luz una niña. Creyéndola muerta, en un desmayo, la mujer es abandonada a las olas en una caja, llegando así a Éfeso, donde el médico Cerimón la hace volver a la vida.

Taisa, creyendo que su marido ha perecido, se hace sacerdotisa en el templo de Diana. Pericles entre tanto llega a Tarso, deja a su hijita, Marina, al cuidado del goberna­dor Cleón y de su mujer, Dionisia. La niña crece, y es tan bella y tan sabia que Dioni­sia, por celos, proyecta matarla; pero los piratas raptan a la muchacha y la venden en un burdel de Mitilene, donde su pureza y su bondad le ganan el respeto hasta del brutal criado del burdel, y, conocida por el gobernador, Lisímaco [Lysimacusl, es puesta en libertad. Pericles, llegado a Mi­tilene, encuentra a su hija, a quien creía muerta; un sueño le lleva al templo de Diana, en Éfeso, para contar la historia de su vida, y, de este modo, recobra también a su mujer. Marina se casa con Lisímaco. Cleón y Dionisia son condenados a la ho­guera.

Aunque la mano de Shakespeare pueda tal vez hallarse en los actos III a V, la obra en conjunto es bastante floja, por las inverosimilitudes y arbitrariedades propias de las novelas alejandrinas. La pura Ma­rina puede considerarse como un estudio preparatorio de un carácter de muchacha ‘ que se hallará plenamente realizado en Per- dita (v.) del Cuento de invierno (v.) y en Miranda (v.) de la Tempestad (v.). Marina, poesía de T. S. Eliot (n. 1888), debe su inspiración al drama shakespeariano. [Trad. de Luis Astrana Marín en Obras completas (Madrid, 1930; 10.a edición: Madrid, 1951)].

M. Praz

Es atrozmente difícil y prodigiosamente exagerado, hay escenas en las que hombres y mujeres hablan un lenguaje poco aca­démico; está agradablemente lleno de bro­mas obscenas. (Flaubert)

Nunca se encuentran en Shakespeare fríos ejercicios literarios; su interés es vivo hasta en los juegos de imaginación; interés por las combinaciones maravillosas, por los en­cuentros imprevistos, por lo novelesco, por lo idílico; le gustan todas estas cosas, las compone para gozarse en ellas, las acaricia con la magia de su estilo. (B. Croce)