Peribáñez y el Comendador de Ocaña, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia dramática en tres actos y en verso, de Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635), publicada en la cuarta parte de su teatro, que apareció en 1614 bajo el título Doce comedias de Lope de Vega Carpió familiar del Santo Oficio. Mor ley, en su cronología del teatro de Lope de Vega, la cree de 1610.

Se inicia la obra con la fiesta de las bodas de Casilda y Peribáñez, labra­dores de la villa de Ocaña; los cantos, danzas y diálogos amorosos de los novios son interrumpidos por la noticia de que, durante la corrida de unos novillos, ha resultado herido el Comendador de la villa, don Fadrique. Trasladado inconsciente a la casa de Peribáñez, es cuidado por Casilda, por la que al volver en sí se siente atraído irresistiblemente. Peribáñez ve en la caída del Comendador un mal augurio. Acaba el primer acto con la escena en que el enamo­rado señor contrata un pintor para que retrate secretamente a Casilda. Leonardo, criado del Comendador, consigue que Inés, prima de Casilda, proteja la pasión amo­rosa de su señor, mientras otro criado, Luján, entra al servicio de Peribáñez como segador. Aprovechando una noche la ausen­cia del esposo, don Fadrique requiere de amores a la labradora, pero ella lo rechaza con palabras llenas de apasionado cariño hacia el marido ausente.

Peribáñez, que en la ciudad ha visto, en casa del pintor, el retrato de Casilda, regresa a la villa ator­mentado por la duda de la fidelidad de su esposa, pero aquélla desaparece en un mo­mento de gran fuerza dramática, cuando oye cantar a los segadores una copla sobre la fidelidad de Casilda — recurso teatral semejante a uno empleado en El caballero de Olmedo (v.) —. Don Fadrique, para ale­jar al labrador, lo nombra capitán de una compañía que parte a la guerra de Gra­nada, pero Peribáñez, sospechando una trai­ción, vuelve a su casa y sorprende en ella al Comendador, que ha penetrado gracias a la ayuda de Inés y Luján; allí mismo da muerte al señor y a los dos mediadores. El rey de Castilla, Enrique III, apenado por la muerte de uno de sus mejores caballeros, ofrece una alta recompensa por la captura del culpable; es el mismo campesino el que se entrega para que Casilda pueda cobrar el premio, pero el rey, después de oír la narración de lo ocurrido, le perdona y con­firma en su cargo de capitán de los hombres de Ocaña.

No se ha podido encontrar origen histórico o legendario al asunto escenificado por Lope de Vega y conocido ya de su público; procede de un elemento lírico tra­dicional señalado ya por Menéndez Pelayo, la copla puesta en labios de la esposa y después cantada por los labradores; «Más quiero yo a Peribáñez/con su capa la par­dilla/que no a vos, Comendador, /con la vuesa guarnecida». La obra puede colocarse, por el tema; junto a Fuenteovejuna (v.) y El mejor alcalde, el rey (v.); en las tres Lope, autor que escribe su teatro para el pueblo, del que él mismo forma parte, se coloca, al presentar un conflicto entre un noble y sus vasallos, al lado de éstos; por ello, en el momento último de la obra, el rey, supremo señor, acaba reconociendo la razón del campesino, que ha sabido ver por encima de sus obligaciones una justicia superior que lo defiende.

Pero en Peribáñez, a diferencia de Fuenteovejuna,, no tenemos nunca un drama social, es tan sólo la ven­ganza de un honor ultrajado; su fuerza, que sin embargo podría en cierto modo cali­ficarse de «democrática», arranca de que el ofensor es un noble y el ofendido su vasa­llo, pero Peribáñez no duda ni un solo momento de la dependencia mutua que los une, no es un rebelde social:

«Soy vasallo, es mi señor,/vivo en su amparo y defensa;/ si en quitarme el honor piensa,/quitaréle yo la vida»

Lo que ocurre es que el honor está libre de tal dependencia. Las tres obras citadas repiten como antagonista al noble opresor y brutal, que no tiene más ley que su propio capricho, pero en ésta Lope le da una mayor humanidad; don Fadrique es querido y apreciado por la gente de la villa de Ocaña

«Si aquí/el Comen­dador muriese,/no vivo más en Ocaña./¡Mal­dita la fiesta sea!»

,exclama Peribáñez al conocer su percance —, pero la pasión amo­rosa lo trastorna hasta convertirlo en un ser odioso que no retrocede ante ningún medio para satisfacer su deseo, hasta que al sen­tirse mortalmente herido vuelve a ser el noble caballero y no duda en perdonar al labrador, pues reconoce que «me han muerto con razón».

La obra está llena de aciertos de gran belleza, como la descripción del am­biente al iniciarse la obra: la alegría y optimismo de un día de fiesta, el risueño idilio amoroso que une a los dos protagonistas, roto por la noticia del accidente del Co­mendador; la respuesta de Casilda a don Fadrique; el encuentro de Peribáñez con los segadores que cantan la copla motivo de la obra; el efecto que produce a la reina el relato de Peribáñez, y por encima de todos la impresión siempre dominante de estar ante un mundo real, vivo, lleno de luz, de movimiento.

S. Beser

Lo que de Balzac se ha dicho en nuestro tiempo se puede con mucha más razón decir de Lope. (Clarín)

Peribáñez es un drama social, a la vez que un drama de pasión y un maravilloso cuadro de género, en que el gran pintor realista alcanza la perfección de su arte y parece que se recrea amorosamente en su propia obra apurando los detalles gráficos con especial fruición. Nunca la poesía villa­nesca, la legítima égloga castellana, hija del campo y no de los libros, saturada de olor de trébol y de verbena, se mostró tan fresca, donosa y gentil como en esta obra. (Menéndez Pelayo)