[Pilgerfahrten]. Poesías del alemán Stephan George (1868-1935), publicadas en una edición privada en Viena en 1891; están dedicadas a Hofmannsthal «en recuerdo de los días de bello entusiasmo», y fueron reunidas por vez primera junto con los Himnos (v.) y Algabal (v.) en un volumen único en 1899.
Es un libro de angustia y de dolor, pero sobre todo de búsqueda. Después de la poética conquista de su propia intimidad en la poesía efusiva de los Himnos, el poeta se dirige en Peregrinaciones por vez primera hacia la poética toma de posesión de la realidad. Los Himnos habían sido la manifestación de estados de ánimo; las Peregrinaciones son manifestaciones de primeras experiencias concretas. Y se comprende que la vida pueda presentarse a menudo cómo un ininterrumpido llamar a puertas cerradas por la imposibilidad de una total satisfacción en esta tierra de soledad y de incomprensión.
Pero lo que importa es que la experiencia — sea cual fuere — se convierta en realidad en la palabra. «Uber das Leidl/siege das Lied!» [«¡Por encima del dolor/vence el canto!»] dice precisamente la sexta de las poesías del grupo llamado «Visiones». Y efectivamente, sucede que en los momentos más felices el poeta encuentra su lenguaje definitivo e inconfundible. Poesías como «Mühle lass die Arme still» [«Molino deja inmóviles tus brazos»] — con aquel paisaje suyo casi mítico, fuera del tiempo — o bien las dos «Visiones» [«Gesichte»] —que fijan tantos recuerdos. venecianos («Wenn aus der Gondel sie zur Treppe stieg» [«Cuando ella de la góndola, saltó a la escalera»} e «Ich darf so lange riicht ams Tore lehnen» [«No puedo durante tanto tiempo permanecer apoyado en la puerta»] —son testimonio de una capacidad creadora en pleno dominio de sí y de sus medios. Algunas veces — como en la poesía «In alte Lande» [«En viejos países»] —el tono subjetivo de los Himnos parece querer renacer y prevalecer aún; pero son momentos solamente; incluso cuando el poeta evoca el mundo lejano de su propia infancia — «Al otro lado de los bosques, más allá de los valles» [«Zwischen Wälder über Täler»] y, más aún, «Ningún paso, ningún sonido anima el jardín de la isla» [«Kein Tritt, Kein Laut belebt den In- selgarten»] —todo efluvio de vagos e indistintos sentimientos se desvanece, cede su lugar a una visión plenamente concisa, plástica, de nítido contorno.
Y con todo, el poeta mismo se muestra perfectamente consciente de lo que aún hay de incierto y «de prueba» en su posición. Se trata de «peregrinaciones», de «excursiones» solamente. El camino que queda hacia una poesía que acoja y agote directamente dentro de sí las profundidades de la vida es aún muy largo. Explícitamente lo confiesa en la poesía «El alfiler» [«Die Spange»]. En las profundidades del alma del poeta ya se agita el fantasma Algabal.
G. F. Ajroldi

