[Il paese di cuccagna]. Uno de los libros más significativos de la escritora italiana Matilde Serao (1856-1927) y de la literatura realista de fines del siglo XIX.
Se publicó en 1890, cuando la escritora había ya pasado por diversas actitudes ideológicas y estilísticas, representando el esfuerzo más consciente (y en el fondo, más polémico) para defender los principios de una escuela en el preciso momento en que ésta empezaba a desacreditarse. Fue llamada la «novela del color y de las líneas»; y tal definición capta el tono principal del libro, que tiende hacia lo descriptivo.
Se representa en él la vida bulliciosa, alegre y vivazmente mímica del pueblo napolitano, considerado en algunas de sus costumbres, usos, pasiones y frenesíes; especialmente en su pasión por la lotería, arraigada en toda la sociedad local; desde la plebe andrajosa a la altanera y cruel aristocracia, que llegan a ser iguales y cómplices en su desafío a la suerte; la divinidad que desilusiona y que, sin embargo, sigue atrayendo, que excita los nervios y acalora la fantasía, que devora haciendas, conspira contra la unión de las familias, a veces agigantada y casi ennoblecida por una grandiosa esperanza que tiene algo de místico y tremendo, como una reviviscencia del paganismo en la vida moderna.
Los capítulos de la novela son momentos de aquella vida, de la cual la escritora revela la íntima fatalidad y describe la fantástica grandeza. La parte central se desenvuelve en el antiguo y decaído palacio de los Cavalcanti, en torno a la figura del marqués que, con la firme intención de restaurar su patrimonio ganando a la lotería, oprime a su joven y delicada hija Blanca María, pues de ella espera la indicación de los números afortunados, especialmente durante los delirios de la enfermedad en la que ha caído por su culpa.
Al final, ésta, tras renunciar al amor que generosamente le ofrecía el doctor Ama- ti, para no abandonar a su anciano e infeliz padre, muere de dolor y terror. El marqués Cavalcanti está coligado con una tenebrosa pandilla de cabalistas, entre éstos, muy dramático en la sombría fascinación que difunde a su alrededor, el «asistido» de Feo, un supuesto adivino, un canalla disfrazado de profeta. La novela presenta varios casos de «sagrada neurosis», de la que están afectados muchos personajes de Serao, conforme a las doctrinas médicas de su tiempo: ésta es la enfermedad que determina las más encendidas manifestaciones de la vida napolitana, las fiestas, los ritos de apariencia bárbara y fastuosa, bajo los cuales hay «siempre una vena de amargura».
El espectáculo del sorteo de la lotería, la fiesta de las rosas, la procesión de San Jenaro y otras páginas, ricas en fuertes sensaciones e imágenes, demuestran el talento artístico de la escritora; aunque poco nos ayudan a sentir la íntima vena de la que salió una historia angustiosa y conmovedora, pero de gusto algo escénico y novelesco.
G. Marzot
Serao es, toda ella, observación realista y sentimiento; o mejor dicho, observación impulsada por el sentimiento. (B. Croce)

