Orlando furioso, L. Ariosto

Poema en 46 cantos, en oc­tavas

La acción comprende tres temas principales: la guerra de Carlomagno contra Agramante y el amor de Orlando por la bellísima Angélica y su locura al verla ena­morada de otro; los amores de Ruggiero y Bradamante, de los que descenderá la casa de Este.

La acción del poe­ma da comienzo allí donde se interrumpe el Orlando ena­morado de Boiardo: Orlando ha vuelto con la hermosa Angélica de Oriente y no tardan en surgir las disputas de amor por ella con Rinaldo. Carlomagno, para evitar dis­cordias, la confía a Namo, duque de Baviera, prometiéndola a quien se muestre más valeroso contra los sarrace­nos. Pero los cristianos son derrotados y Angélica apro­vecha la ocasión para huir. Todos los protagonistas to­man caminos distintos y la acción adopta así tres líneas de desarrollo diferentes: las aventuras de Angélica, las de Orlando y Ruggiero, y la guerra del asedio de París como telón de fondo.

Prosiguiendo su huida, Angélica encuen­tra en su camino a muchos enamorados que se la dispu­tan, a los que ella engaña y de los que se sirve para huir de uno a otro (Rinaldo, Ferraú, Sacripante y hasta un er­mitaño). Mediante un encantamiento, el ermitaño indu­ce a Rinaldo a ir en Busca de Angélica a París, ciudad a la que llega mientras Carlomagno espera ser asediado por los moros. Pero Angélica, tras ser capturada por unos corsarios, es llevada a la Isla del Llanto y expuesta a la Orea marina, de la que es salvada por Ruggiero gracias a un anillo mágico.

Las aventuras de Ruggiero y de Bradamante forman un paralelo en sentido inverso a las de Orlando y Angélica; Bradamante, ayudado por la buena maga Melissa, va inútilmente en busca de él, inconscien­te instrumento de su destino, así como Angélica escapa a su desesperado amante; pero de continuo los dos ena­morados son separados; vuelven a encontrarse después que Astolfo ha hecho derrumbarse el castillo encantado; son pronto separados por nuevas aventuras: Bradamante desaparece en la persecución del traidor Pinabello; Rug­giero, después de varias vicisitudes, se irá con Marfisa; Rodomonte y otros sarracenos acuden en ayuda de Agra­mante, a quien han jurado fidelidad.

Mientras tanto Or­lando, después de la derrota de los Pirineos, se ha vuelto a poner en busca de Angélica y en su vano errabundeo pasa de aventura en aventura, cayendo prisionero en el castillo del mago Atlante, que éste ha construido para ob­sequiar, con la flor de la caballería, a su querido Ruggie­ro, dando a cada cual la ilusión de que allí se encuentra su ideal; pero llega allí Angélica, la cual, en posesión del anillo mágico que destruye toda magia, revela a los ca­balleros su ilusión y los libera. Angélica roba el yelmo de Orlando, mientras éste, tras causar estragos en dos es­cuadras sarracenas, encuentra una cueva con una vieja y una muchacha dentro de ella. Esta última es la sarracena Isabela, enamorada del cristiano Zerbino, que había sido apresada por los ladrones. Orlando da muerte a los la­drones y libera a Isabela. Mientras tanto el rey Agraman­te pone sitio a París, distinguiéndose en el ataque a la ciu­dad por sus prodigiosas hazañas el sarraceno Rodomon­te. Este, tras entrar en París, causa estragos en la ciudad.

Rinaldo presenta batalla con sus aliados en campo abier­to a Agramante; dentro de París Carlomagno ataca con sus paladines a Rodomonte, que presenta una denodada resistencia. Rinaldo da muerte a Dardinello: durante la noche dos súbditos de Dardinello, Cloridano y Medoro, entran en el campamento cristiano para recuperar los res­tos de su señor. Sorprendidos sin embargo por los cris­tianos, huyen a una selva donde, tras ser alcanzados, Me­doro es herido y Cloridano muerto. Angélica encuentra a Medoro, lo cuida y se enamora de él, y luego juntos emprenden viaje hacia Catay, país natal de Angélica, de cuyo reino Medoro obtendrá la corona.

Un día Orlando llega a la selva y a la cueva que había hospedado a An­gélica y Medoro durante su dulce idilio; los nombres de los dos enamorados, grabados de mil maneras en la cor­teza de los árboles y en la roca, le revelan de pronto lo que ha sucedido, y le torturan los celos, que se convier­ten en alucinación, y el más juicioso de los paladines no resiste tanto dolor, pierde la razón y se torna furioso. Or­lando, presa de la locura, corre desnudo por Francia y por España, ve redobladas sus fuerzas, lleva a cabo las hazañas y destrucciones más increíbles. Luego de cruzar a nado el estrecho de Gibraltar, pasa a África.

Pero el Altísimo se apiada de él y tocará a Astolfo, el menos he­roico de los paladines, la suerte de ser mediador de la gra­cia divina. Astolfo, siempre ayudado por una fortuna que le proviene más de fuerzas mágicas que de su valentía, pasa también a Africa y es conducido por el Hipogrifo a la cima de una montaña, el Paraíso Terrenal. Allí el após­tol san Juan le informa de la locura de Orlando, y con él, en el carro de Elías, sube a la Luna, donde, en un va­lle , ve amasado todo lo que se ha perdido en la Tierra, y en una gran redoma se halla recogido el juicio que ha­bía perdido el héroe. Cargado con aquel juicio, Astolfo regresa en el carro de Elías a la Tierra y lleva a cabo otras gestas prodigiosas por toda Africa. En tanto tiene lugar una batalla entre sarracenos y cristianos, Astolfo se ha creado, con un nuevo portento, una flota.

Mientras es­pera el viento favorable, llega la nave en la que están todos los prisioneros de Rodomonte, a los que Astolfo lo­gra liberar. Pero he aquí que llega el loco Orlando, que es capturado, atado por un grupo de caballeros y obli­gado a aspirar de la redoma el juicio perdido, y la cura­ción se efectúa. Comienza la redención para Orlando; derrotados en Arlés y en Bizarta, los sarracenos se refu­gian en una isla desierta, Lipadusa, desde donde Agra­mante manda un último desafío a los cristianos propo­niendo decidir la guerra con un duelo de tres contra tres. Gradasso y Sobrino se ponen de parte del rey sarraceno; Orlando, Oliviero y Brandimarte recogen el desafío por parte de los cristianos, y vencen, aunque el triunfo es amargado por la muerte de Brandimarte y la desespera­da angustia de su dulce Flordiligi.

Rinaldo, que sufre de­masiado por amor de Angélica, encuentra el camino de las fuentes de las Ardenas (-> Orlando enamorado), bebe de la fuente del odio y se libera de su pasión. Vuelven to­dos a Provenza, también Astolfo que, una vez llegado, pone en libertad al Hipogrifo. Mientras tanto Bradamente ha sido prometida por esposa a Leone, hijo del empe­rador de Constantinopla. Enterado de ello Ruggiero, combate junto a los búlgaros contra los griegos, pero es hecho prisionero por traición. Leone, admirado de su fuerza, le salva de una muerte segura.

Entre los dos nace un pacto de fraternidad, y cuando se sabe que el rey Carlomagno concederá a Bradamente a quien sea capaz de ganarla en combate, Ruggiero, a instancias de Leone, ig­norando el amor que une al caballero con la guerrera, acepta combatir con el fin de conquistar a la joven para su amigo. Vence, en efecto, y acto seguido, desesperado, huye a una selva donde espera la muerte. Llega la maga Melissa, entera a Leone de la verdad, le convence de que debe renunciar, y por fin Bradamante y Ruggiero se ca­san. Estamos en el último episodio: para turbar la boda irrumpe el último de los grandes guerreros sarracenos, Rodomonte, que acusa a Ruggiero de felonía; un último duelo —y uno de los más trágicos— y la muerte de Ro­domonte pone fin al poema.