El Músico Ciego, Vladimir Galaktionovič Korolenko

[Slepoj muzykant]. Cuento ruso de Vladimir Galaktionovič Korolenko (1853-1921), publicado en 1886. Es uno de los relatos más característicos del escritor, y uno de los más aptos para en­tender la bondad de su alma y la finura de su manera de contar.

Contiene la his­toria, lineal y sencilla, de un ciego de na­cimiento, el desarrollo de su alma, su gradual adaptación a la vida y el dominio cada vez mayor que va tomando en su existencia la música, conocida al principio a través de la melancolía de las canciones ucranianas, tocadas con una especie de gai­ta, y más tarde a través del piano, instru­mento en que él mismo recoge todas las armonías y melodías que le llegan de la naturaleza, y que su exacerbada sensibi­lidad auditiva capta en el acto.

Las páginas en que se describe la doble revelación de la música, primero al muchacho, pasivamente, y luego al joven, ya en sentido creativo, son de una intensidad insupera­ble. Y no son inferiores aquellas en que el tío Máximo, el anciano ucraniano, anti­guo voluntario de Garibaldi, forma el alma del ciego para hacer de él un hombre fuer­te, precisamente por medio de la música; las que hablan del amor del ciego y de la muchacha que ha crecido junto a él y que llega a ser su esposa; y, por fin, aquellas en que se despierta en el jovencito ciego la piedad por los otros ciegos, pobres y desgraciados en comparación con él. El amor hacia la muchacha y la piedad para sus compañeros de desgracia son dos pode­rosos resortes que hacen de él un creador.

El mismo Korolenko ha llamado a su his­toria «el arrebato de un alma hacia la luz», y en esta definición alguien ha querido ver un significado simbólico, basado sobre la filosofía social del autor: la necesidad de luz para Rusia, alcanzada a través de la piedad que libera el pensamiento. [Trad. anónima (Barcelona, 1902)].

E. Lo Gatto

El destino ha guardado para Korolenko mucho frío y mucho hielo; pero incluso bajo una vida parecida a un montón de nieve, él ha conservado un corazón ardiente. (Ejchenvald)