Estos dos títulos no corresponden a dos artículos distintos, sino a uno solo, escrito en Medellín el 1.° de julio de 1855 y publicado en «El Tiempo» de Bogotá. Su autor, Juan de Dios Restrepo, más conocido por el pseudónimo de Emiro Kastos (1823-1897), cursó Jurisprudencia en Bogotá, fue periodista, político y hombre de negocios; sobresalió entre los escritores de costumbres de la generación de «El Mosaico» o segunda generación romántica. De sus escritos se hizo una edición en Londres en 1885, con prólogo del Dr. Manuel Uribe Ángel, y una selección en la Biblioteca Aldeana de Colombia (Bogotá, 1936). Se trata de un huérfano sin más herencia que un machete y un macho, con los cuales se entregó al oficio de rescatante en tierras mineras, corrió aventuras que él mismo exageraba hasta lo inverosímil, trabajó como peón raso, fue guaquero, derribador de montes en terrenos baldíos y, amontonando cuartillo sobre cuartillo, llegó a ser gamonal del pueblo, en triunvirato con el cura y el tinterillo.
Gran conocedor del corazón humano, observador sutil y escritor brillante, Emiro Kastos traza un cuadro fiel y donoso de las costumbres parroquiales de Antioquia en aquel entonces, en relación con habitaciones, vestidos, alimentación, cultivos y hábitos de vida. Estos hábitos no alcanzó a cambiarlos el hijo enviado a estudiar a Bogotá, que regresó con la cabeza llena de cucarachas y de grandezas y encontró aliadas vehementes en sus hermanas. A los ímpetus reformadores de éstas oponía el padre: «Dios me guarde de mujeres sabidas. ¿Quién las mete a saber más que Fulgencia, que jamás aprendió sino los oficios de la casa y a criar sus hijos en el santo temor de Dios?»
J. C. García

