Entre las más famosas está la Merope de Francesco Scipione Maffei (1675-1755), tragedia estrenada en 1713 y publicada en 1714. Esta obra se propone responder al tipo de tragedia clásica regular que la Italia del siglo XVIII adoptó comúnmente; pero ya su formación, en un ambiente de discusiones teóricas y literarias, perjudicó a su espontaneidad creadora; efectivamente, sus defectos saltan a la vista a la mera lectura, más allá de las consideraciones históricas acerca de su origen.
Polifonte se hace tirano de Mesenia, después de haber matado al rey Cresfonte y dos de sus hijos; el tercero, también de nombre Cresfonte, es salvado por su madre Mérope y mandado a Grecia junto a un criado anciano, mientras todos creen que ha perecido en la matanza. Polifonte ofrece a Mérope casarse con él; ella consiente pero exigiendo el término de diez años, para poder vengarse en tiempo oportuno de tantas fechorías. Pasan varios años; es conducido ante el tribunal un joven llamado Egisto, acusado de haber matado a un compañero suyo. Dice haberlo hecho en legítima defensa; pero Mérope, por una piedra preciosa que aquel joven lleva en el dedo, cree reconocer en él al asesino de su hijo, e intenta en vano por dos veces quitarle la vida. Pero luego reconoce en Egisto a su propio hijo, gracias al criado que le tenía a su custodia. Entonces Mérope piensa en su venganza. Así es que, al transcurrir los diez años y debiendo celebrarse su matrimonio con Polifonte, interviene Cresfonte y en plena ceremonia arranca de la mano del sacerdote el hacha del sacrificio a Venus, y mata a Polifonte. El pueblo, liberado del tirano, proclama entonces por su rey al joven.
El aspecto crudamente teatral de la obra (esto es, la tentativa de Mérope de matar al presunto homicida no conociéndole) no está compensado, sin embargo, por una adecuada vivacidad de caracteres: es artificiosa la pasión de Mérope, y resulta abstracta por su furor de venganza. Algún detalle procedente del teatro clásico — con especial referencia a la Ifigenia en Táuride (v.) de Eurípides — se hace evidente en el reconocimiento de su hijo por Mérope, en el falso Egisto. A pesar de ello, la obra gozó durante todo el siglo XVIII de un éxito verdaderamente notable y fue abundantemente imitada.
C. Cordié

