El Mercado de los Duendecillos, Christina Georgina Rossetti

[Goblin Market]. Poema de la poetisa inglesa Christina Georgina Rossetti (1830- 1894), compuesto en 1862. Los duendecillos tientan a la pequeña Laura, hermana de Lizzie, a gustar de sus bellísimos frutos maduros de diversos colores. Laura, a pe­sar de las repetidas advertencias de su her­mana, cede, y compra con un ricito suyo (porque no dispone de más oro que ése) los sabrosísimos frutos de jardines desconocidos. Al regresar a su casa cuenta a su hermana el gozo que ha experimentado en el mercado de los duendecillos; después van a dormir juntas (bellísima descripción de las dos hermanas durmiendo: «como dos flores en un solo tallo, / como copos de nieve nueva, /como dos cetros de marfil / con la punta de oro, para terribles reyes»). Al día siguiente, Lizzie trabaja contenta, mientras Laura sólo desea que vuelva la noche para gustar de nuevo aquellos fru­tos. Pero esto no le será concedido; nadie puede gustar dos veces los frutos de los duendes y, al llegar la noche, sólo Lizzie oye la invitación. Con todo, la joven re­siste porque se acuerda de Jeanie, que mu­rió por haberlos gustado.

La muerte se acerca también a la pequeña Laura por el deseo insaciable que la devora. Lizzie, al verla marchitarse, decide ir a comprar las frutas para ella, y las pide a los duerdecillos. Pero ellos no quieren que se las lleve a casa, y como no consiguen hacérse­las comer le exprimen encima su jugo. En casa, su hermanita, al besarla, sorbe con­tentísima aquel jugo que la recubre, pro­bando así lo que a nadie más le es. con­cedido. Pero después cae en un estado que parece la muerte. Lizzie la vela anhelosa durante toda la noche; a la mañana si­guiente, al primer gorjear de los pájaros, cuando comienzan a pasar los segadores, cuando se abren los capullos, Laura despier­ta curada. Se quieren hallar muchos signi­ficados ocultos en estos versos llenos de música y de color. El más sencillo es cier­tamente el indicado por la propia poetisa, la cual termina el poemita con un himno al amor de hermana: «Pues no hay amigo semejante a una hermana». Por otra parte es obvio el sentido puritano de la fábula: los frutos son el placer, concebido como pecado.

A. Camerino