[Memoiren einer Idealistin]. Autobiografía de Malwida von Meysenbug (1816-1903), publicada en tres volúmenes en 1876. La autora, que pertenecía a una familia hugonote de Kassel, narra con sinceridad y objetividad su vida y nos habla de sus aspiraciones espirituales y de sus firmes convicciones sociales y políticas que la condujeron de una vida mundana y despreocupada a una vida llena de estrecheces, pero mucho más satisfactoria y eficaz, en el destierro.
De temperamento vivo y entusiasta, después de haber permanecido durante muchos años sofocada por el rígido ambiente familiar en una pequeña ciudad de provincias, soñolienta capital de un pequeño estado alemán, se alejó de él deliberadamente para adherirse a las nuevas doctrinas revolucionarias y constituirse en protectora de los pobres y especialmente de las mujeres, para quienes defendió el derecho a una educación similar a la del hombre. Obligada por razones políticas a dejar alemania, en 1852, después de haber participado con todo el corazón en las esperanzas de 1848, se refugió en Londres. Acogida allí por Kinkel y su mujer, con quienes desde hacía tiempo estaba en relaciones epistolares, pronto pudo aproximarse por medio de ellos al ambiente de los emigrados políticos y conocer las personalidades más variadas del mundo liberal europeo. Ligada por tierna amistad especialmente con Herzen, se convirtió en la educadora de sus hijas, a quienes amó con verdadero amor maternal.
Acostumbrada en alemania a una vida más que acomodada, no dudó desde el primer momento del destierro en vivir modestamente, dando lecciones privadas, orgullosa de poderse bastar a sí misma, y permaneció largo tiempo en Inglaterra, sólo interrumpiendo su estancia durante un breve paréntesis parisiense, donde entabló una de sus relaciones más elevadas: su amistad con Wagner. En este punto se interrumpen sus memorias, es decir, al final de su «vida pública», como dice la autora. Se encuentran noticias del período posterior en LebensabencL einer Idea- listin (1898), otra obra autobiográfica en la que habla de sus relaciones posteriores con otros grandes escritores de su época, de Nietzsche a Romain Rolland. Los dos libros, además de mostrarnos una rara alma femenina, recta y pura, pero humanamente viva con todos sus defectos y debilidades, tienen valor como documento histórico. Los acontecimientos de los que fue testigo, las personas que conoció y la sociedad en medio de la cual vivió, presentan en su conjunto un cuadro coloreado y vivo de la vida europea en aquellos años de espera y de fermentación.
A. Manghi

