Los Sótanos del Vaticano, A. Gide

Lafcadio Wluiti descubre que es hijo natural del viejo conde Agénor de Baraglioul, con quien mantendrá una charla conmovedora; poco después, a la muerte del conde, pasará a convertirse en uno de sus herederos. En­tre tanto en Pau, en Gascuña, un ex compañero de es­cuela de Lafcadio, Protos, ha inventado, junto con su banda de los «Ciempiés», un colosal enredo: que el Papa León XIII es mantenido prisionero en las cuevas del cas­tillo de Sant’Angelo por una conjura de las logias masó­nicas y que ha sido sustituido por un doble.

Para sacar dinero de los ingenuos fieles organiza una cruzada. En­tre las víctimas de este engaño se encuentra Amédée Fleurissoire, cuñado de Julius Baraglioul, el hermanastro de Lafcadio. Una noche, en la línea Roma-Nápoles, Amé­dée muere víctima de un «acto gratuito» de Lafcadio que, viajando por una coincidencia fortuita en su mismo com­partimento, lo arroja del tren. Protos, testigo del hecho, chantajea a Lafcadio, mientras que Carola, ex amante de Lafcadio y ahora mujer de Protos, creyendo culpable a este último, lo denuncia.

Protos la mata antes de que la policía lo detenga. Lafcadio, trastornado ahora y presa de los remordimientos, se dirige a su hermanastro Julius, quien le aconseja confesar el crimen y buscar consuelo en la fe. Lafcadio duda todavía. Y Geneviéve, hija de Ju­lius, se arroja aquella misma noche en los brazos de Laf­cadio y le declara su amor, aumentando así, su dramáti­ca incertidumbre.