Los Reyes en el Destierro, Alphonse Daudet

[Les rois en exil]. Novela de Alphonse Daudet (1840-1897), publicada en 1879, a poca dis­tancia del Nabab (v.); señala la definitiva afirmación del estilo «parisiense» en el arte de Daudet.

Los reyes desterrados son en realidad uno solo: un pequeño rey de un pequeño estado imaginario de los Balcanes, destronado por una revolución, quien, re­fugiado en París y rodeado de obstinados seguidores, ansia una restauración triunfal, pero en realidad encuentra demasiado có­moda la placentera vida en la capital. El llamado «color local» de una parte del li­bro está formado por las tumultuosas aven­turas históricas de los Balcanes. Más que una verdadera historia, la novela es una serie de episodios que quieren poner de re­lieve la inexorable decadencia a que el destierro lleva al protagonista y a gran parte de las personas que le rodean. Este pobre rey es un carácter débil, que se sumerge despreocupadamente en la alegre vida parisiense (hasta el punto de ganarse el equívoco sobrenombre de «le roi des gommeux»).

Se trata en realidad de un «rey de opereta» con quien contrasta su cónyu­ge, mujer de carácter orgulloso que trata en vano de salvar la antigua nobleza de sus costumbres, dominada por su amor a su hijo y heredero, pobre muchacho enfermi­zo. No falta (entre los numerosísimos per­sonajes, todos ellos captados con típica viveza de dibujante) el preceptor francés, un ardiente provenzal devotamente enamo­rado de la reina, que es el más encendido defensor de la causa de la infeliz monar­quía. La excepcional habilidad de la es­tructura y la vivacidad de los detalles nos permiten conocer en algunos momentos de esta obra al mejor Daudet. Pero hay que advertir que este amplio cuadro de costum­bres parisienses contemporáneas resulta tan superficial como fácil, y la obra, en su conjunto, es bastante inferior en intensidad y verdad a los libros más conocidos del mismo autor.

M. Bonfantini

Daudet tenía demasiada espontaneidad pa­ra que sus teorías pudiesen estropear su talento; nos ha dado algunas de las nove­las más conmovedoras y seductoras que co­nocemos. (Lanson)

Admirable narrador de lo que en un tiempo se llamó sencillamente las costum­bres, es decir, de la humanidad media, co­tidiana, verdadera; no se trata de la gran comedia humana, sino de la pequeña hu­manidad, del sencillo curso de la vida, ilu­minado por un rayo de lo que llamaríamos «humour», sin olvidar lo que Daudet debe a Dickens. (Thibaudet)