Los Pasteles, Szymon Szymonowicz

[Kolacze]. Pequeño poema de Szymon Szymonowicz (1558-1629), famoso poeta polaco y latino, conocido por sus contemporáneos con el nombre latino de Simón Simónides.

Forma parte de una serie de idilios campestres («sielanki»), editados en 1614, que en cierto modo cie­rran la poesía del Siglo de Oro, dominada por la figura de Jan Kochanowski. Burgués por su nacimiento y por su educación, edu­cado en el extranjero (probablemente en Francia y en Bélgica), Simón Simónides, graduado en la Universidad de Padua, fue proclamado poeta de Corte por el rey Segis­mundo III.

Habiéndose establecido luego en el campo, gracias a la influencia del gran canciller Zamojski, su protector, por su misma naturaleza estaba predestinado a ser el creador de la poesía idílica polaca, en la cual destacaban especialmente ciertos cuadritos inspirados en la vida de los no­bles y los campesinos, muchas veces no sin pinceladas realistas.

Precisamente a este género de poesía pertenece el idilio Los pasteles. El título está sugerido por un pas­tel especial de forma redonda, llamada en polaco «kotacz», hecho de harina de trigo o de centeno y queso.

En la Polonia orien­tal, de donde era oriundo el poeta, esta torta era el dulce ritual de las fiestas nup­ciales, en las cuales se solía ofrecer con particular solemnidad. El pequeño poema, que celebra la fiesta nupcial de dos fami­lias de la nobleza polaca de la época, se ini­cia con un coro de doncellas en el que se describe toda la fiesta desde el preciso mo­mento en que la garza, «anunciadora de huéspedes», avisa la llegada del joven señor, el novio, que es ansiosamente esperado por la novia, por los parientes y por los invi­tados y llega cabalgando en un blanco cor­cel para dar la mano a la amada, hasta el momento culminante en que les es ofre­cida la tradicional hogaza.

Terminado el coro que ocupa la mayor parte del poema, dan principio las danzas, en las cuales seis parejas cantan sucesivamente sus buenos deseos a los esposos, para terminar con una alusión a la garza de buen augurio, cuya voz ha resonado al principio del poema. Obra de admirable lozanía poética, en ver­sos fluidos y melódicos de rimas conso­nantes, rica de sentimiento e imaginación, típico ejemplo del género literario que re­presenta y que particularmente refleja característicos usos de la época.

E. Damiani