Los Amantes, Andrés Rey de Artieda

Tragedia del escritor español Andrés Rey de Artieda (1549-1613) publicada en Valencia en 1581, única que se conserva de las que compuso. El argumento es el que se conoce como la historia de Los amantes de Teruel, Isabel de Segura y Die­go de Marcilla. Prometidos desde muy ni­ños, cuando Marcilla la solicita como es­posa, el padre de la joven, avaro, se la niega por ser él pobre; entonces se va con los ejércitos del rey a conquistar fama y fortuna. Un pacto entre los enamorados obliga a la novia a esperarle siete años, mas una vez cumplidos éstos más un día, ella se ve obligada a casarse con un caballero al que no ama. Celebrándose sus bodas con gran fausto, llega Marcilla colmado de ri­quezas y de honores, enterándose de que su mínimo retraso impide la realización de sus afanes. Es muy bello lo que cuenta, al em­pezar la obra, de sus sueños de mal presa­gio. Una entrevista dolorosa se celebra entre Isabel y el vencido amante, y él parte con la muerte en el corazón. La noche de la boda, cuando los esposos se retiran a su cámara nupcial (en la cual se ha escondido Marcilla para pedirle a Isabel un beso an­tes de perderla para siempre), ella se niega a la intimidad con su esposo, rogándole un aplazamiento de horas… Accede generosa­mente el marido, que se duerme junto a ella sin forzarla.

Aparece Marcilla, suplicando un beso que ella le niega porque ya no se pertenece a sí misma; y el amante, deses­perado, muere. Al despertarse el marido y ver a su esposa aterrada y a Marcilla muer­to inquiere qué ha ocurrido. Acepta la ex­plicación de ella, y entre ambos sacan el cadáver de la cámara nupcial y lo depo­sitan en la puerta de su casa (que está junto a la de ellos), en donde lo hallan sus deudos. Cuando al día siguiente acu­den todos a la iglesia en donde se rezan los oficios de difuntos por el infeliz aman­te, Isabel se acerca al muerto para darle, entonces, el beso que le pidiera. Y muere también al dárselo. Sabemos todo lo que ha ocurrido por boca del marido, caballero y generoso con el amor de los que separó, sin saberlo, por culpa de la avaricia del viejo suegro. La obra se divide en cuatro breves actos, en verso, y fue reimpresa (sólo existía un ejemplar en la Biblioteca Nacional) gracias al interés y cuidado de Francisco Carreras, en Valencia, año de 1908.

C. Conde