Las Seducciones, Amalia Guglielminetti

[Le seduzioni]. Colección de poesías de Amalia Guglielminetti (1886-1941), publicada en Turín en 1909. Es una serie de momentos líricos fija­dos con ágil realidad en las formas clásicas del terceto y del soneto, y que constituyen en su conjunto la novela autobiográfica fragmentaria de una mujer moderna, libe­rada de todo prejuicio de tradición y de todo vínculo moral, ebria de su libertad y atenta con ávida escrupulosidad a escrutar todos los movimientos de su yo. Joven, pero experta, se arroja «loca de fugaces deseos / al encuentro de la risa de todo bello engaño». Todo la seduce: el fulgor de las piedras preciosas y las esencias en raras vasijas; la fruta que pende en el huerto y el sonido de una voz; el canto del mar y el ocaso; un verso griego, y el crujido de rasos y encajes.

Pero sobre todo la atrae el amor; no la pasión, de la cual ha gustado ya todas las angustias, sino el juego breve y caprichoso de un instinto sobre el cual señorean todavía el querer y el orgullo, las escaramuzas suti­les y las bellas mentiras, la felicidad am­bigua que se mezcla con las amarguras, el vórtice que sumerge los sentidos un breve momento, y la fría lucidez que hace del hombre un instrumento de placer, y se bur­la del amante tímido o discreto, y goza mezclando en el beso desconfiado el recuer­do de otra boca lejana. De esta «curiosidad para el mal» que impele a la mujer a se­guir con ávida mirada a la «pálida hetera cargada de perfumes, y le hace envidiar las mil vidas de la sutil aventurera de los escenarios», mucho es de origen literario. Hay aquí ecos de «novelas leídas con el alma llena de fiebre por la noche, mientras en sombras la luz / Repetía en los rincones cada escena» («Narraciones bellas»): Flau­bert, Maupassant, D’Annunzio; pero el ím­petu juvenil con que esas impresiones son asimiladas por un temperamento sensi­bilísimo y la viveza de la forma, hacen difícil señalar los límites entre instinto y literatura. La audacia, desconcertante a ve­ces, de la confesión suscitó en el público admiración y escándalo, y algún crítico ilustre corroboró con su consentimiento la fama del libro.

Éste quedó como el más significativo de Amalia Guglielminetti, quien con su constante referencia a aquel senti­miento de soledad propio de los egocén­tricos, y en algunos acentos más íntimos y humanos de nostalgia y de cansancio (por ejemplo, «La invitación», «Es tarde») señaló los temas profundos de su poesía.

F. C. Valla

Son nada más que dísticos (según el sis­tema de Gozzano) de la más ingrata y opa­ca factura. (Serra)