Las Almas muertas, N. Gógol

Pavel Ivánovich Chíchikov viaja a través de Rusia com­prando, a bajo precio, «almas muertas», esto es, los nombres de los campesinos («almas» en la Rusia zarista) muertos después del último censo y sobre los cuales los propietarios estaban obligados a pagar la tasa guberna­tiva hasta el censo siguiente.

Su plan consiste en servirse de esas «almas» (vivas nada más que para la ley) para ob­tener las asignaciones de tierras concedidas a quien de­mostrara poseer un cierto número de siervos de la gleba. La novela es un vasto fresco de la Rusia rural y de las provincias tal y como ésta se presenta ante los ojos de Chíchikov a través de los propietarios, las casas, las po­sadas, los cocheros, los campesinos y los notables de pro­vincias.

Entre los muchos personajes destacan precisa­mente los propietarios con los que entra en tratos: el za­lamero Manílov, indolente y distraído; la vieja Koróvoch- ka, codiciosa y calculadora; el entrometido Nozdriov, mitómano y beodo, el único que intuye la estafa y no le ven­de «almas muertas»; Sobakévich, el hombre llano pero hábil en los negocios; el avarísimo Pliushkin. En un cierto momento, Chíchikov logra hacerse pasar por mi­llonario en la pequeña ciudad donde ha establecido su re­sidencia: se ve adulado, mimado, y todas las puertas le son abiertas. Pero, lentamente, va saliendo a la luz la ver­dad y Chíchikov se apresura a irse.

La novela debía ha­ber constado de tres partes: la tercera nunca llegó a ser escrita, mientras que de la segunda, destruida por el au­tor poco antes de su muerte en 1852, existen algunos fragmentos en los que resulta menos sombrío el cuadro de las lacras y de los vicios de la sociedad rusa.