Colección de cuentos orientales, en verso, enlazados por una narración en prosa de Thomas Moore (1779- 1852), publicada en 1817.
La hija del emperador Aurungzebe, Lalla Rookh, marcha desde Delhi a Cachemira para celebrar sus bodas con el joven rey de Bokhara. Para distraerla durante el viaje, un poeta llamado Feramorz le narra cuatro cuentos en verso; «El profeta velado de Khorassan» [The veiled Prophet of Khorassan»], en dísticos heroicos (heroic couplets); «El Paraíso y la Peri» [«Paradise and the Peri»]; «Los adoradores del fuego» [«The Fire Worshippers»], y «La luz del harén» [«The Ligth of the Haram»], estas últimas tres en estrofas de vario metro, aunque en su mayoría en versos octosilábicos. Fadladeen, el pomposo chambelán, siempre de mal humor, acompaña los cuentos del joven poeta con su crítica picante (en la que es evidente la alusión a los críticos de la «Edinburgh Review»), y queda bastante chasqueado cuando, al final del viaje, se descubre que Feramorz, del que entre tanto la princesa se había enamorado, es el mismo rey de Bokhara. «El Profeta velado de Khorassan» cuenta la historia de la linda Zelica, que, creyendo muerto a su enamorado Azin, y engañada por falsas promesas, se casa con Mokanna, un impostor que se hace pasar por profeta. Azin regresa de la guerra y, al encontrar a Zelica en el harén de Mokanna, se alista en el ejército del califa para combatir también él contra el falso profeta. Éste es derrotado y se suicida. Zelica, con la esperanza de encontrar la muerte, se envuelve en su velo, y Azin, tomándola por el profeta, la mata y ella fallece entre sus brazos. En el «Paraíso y la Peri» (que más tarde fue puesta en música por Schumann, v.), la Peri se pone en busca del don más caro al cielo, para ser admitida en el Paraíso. Pero ni una gota de sangre de un joven guerrero que muere por la libertad de la India, ni el último suspiro de una muchacha egipcia que fallece de dolor por la muerte de su enamorado tienen el mágico poder de hacerla entrar en la feliz mansión.
Por fin trae como regalo una lágrima vertida por un criminal al escuchar la plegaria dé su hijo, y es admitida en el Paraíso. En los «Adoradores del fuego» el emir Al-Hassan ha sido enviado desde Arabia para vencer la resistencia que los gheber o persas de una antigua religión, oponen a los musulmanes. Hafeld, el joven jefe de los gheber, se enamora de Hinda, la hija de Al-Hassan, y es correspondido; pero hasta ser capturada por los gheber no descubre Hinda la identidad de su amado. Gracias a una traición, Al-Hassan consigue vencer a sus adversarios. Hafed se mata echándose a una hoguera encendida. Entonces Hinda se arroja al mar desde el buque que la conducía a su padre, y se ahoga. En la «Luz del harén», Nourmahal, esposa de Selim, hijo del gran Akbar, está reñida con su marido; pero la encantadora Namouna le enseña un canto mágico para reconquistar su amor.
La simpatía que Moore había ganado con la publicación de sus Melodías irlandesas (v.) se transformó, con la publicación de Lalla Rookh, en una popularidad comparable sólo a la de Scott o Byron. El ambiente en que se mueven los personajes tiene, sin embargo, algo de escenográfico, la arquitectura es frágil, por el exceso de delicados arabescos que la adornan; el interés del argumento es bastante limitado, pero al mismo tiempo el excesivo sentimentalismo y la artificiosidad que caracterizan toda la producción poética de Moore resultan moderados aquí por el vigor de la narración, la frescura de las escenas y la vivacidad de los colores. La obra queda como una de las más notables entre las de los románticos de segunda fila.
S. Rosati
* La colección tuvo un particular éxito en el teatro musical. Inspirada en el último cuento está, en efecto, la ópera «Lalla Rookh, de Gaspare Spontini (1774-1851), representada primero en Berlín, en 1822, con el título Nurmahl oder das Rosenfest von Kaschmir. Otra ópera del mismo título compuso en 1861 Félicien David (1810-1876); más tarde se representó la ópera en tres actos Feramors [Lalla Rookh], de Antón Rubinstein (1829-1894).

