La Vida del Protopope Avvakúm

[Žitie protopopa Avvakuma]. Autobiografía del protopope o arcipreste Avvakum Petrovich (1620 ó 1621-1681), cismático ruso muerto en la hoguera.

Fue publicada en 1880. Per­sonalidad eminente de rebelde y maestro, dotado de una singular formación intelec­tual y de excelentes cualidades oratorias que le pusieron en cabeza de aquel impor­tante movimiento llamado «Raskol» o cisma, condenado por los dos sínodos de la Iglesia ortodoxa de 1666 y de 1667, Avvakum fue un escritor circunstancial, pero de extraor­dinario vigor, por el temperamento apasio­nado y por el original uso de la lengua popular, especialmente en esta obra, que a diferencia de las otras puede considerarse como perteneciente más a la historia lite­raria que a la historia de la Iglesia ortodoxa y del cisma. En esta obra, que se desarrolla en torno a un núcleo central, el destierro de Avvakum en Siberia, al cual había sido condenado por haberse negado a celebrar misa según las nuevas prescripciones, el pro­topope cuenta las acontecimientos de su vida, mezclándolos con ataques polémicos dirigidos contra los autores de la reforma eclesiástica, motivo del cisma.

Encierran particular interés las páginas en que el escritor habla de las jornadas pasadas en la cárcel y, después, del largo, y atormen­tado viaje al exilio, realizado por él y por su mujer a pie, junto a un carro en el que iban sus hijitos. Son episodios narrados en una forma inexorablemente concisa y dolorosa, como la del viaje a Siberia: «País salvaje y habitantes enemigos. No osamos seguir detrás de los caballos, ni podemos alcanzarlos, porque los dos nos hallamos hambrientos y extenuados. Mi pobre mujer va caminando, pero, de repente, cae. El terreno es demasiado llano. La pobrecita exclama: — ¿Durará todavía mucho este su­frimiento?—. Yo respondo: —Markovna, hasta la muerte—. Y ella suspira y dice: — Está bien, Petrovich, sigamos adelante». Todas las cualidades del escritor: firmeza, arrogancia, amor y fidelidad a la amistad, indignación y humildad, se ponen de relieve en esta autobiografía, escrita sin intenciones literarias, pero, tal vez por ello, de pode­roso efecto. La Vida constituye una obra única de aquel tiempo y, en su género, incluso de los siglos siguientes.

E. Lo Gatto