La Piedra de Escándalo, Martín Coronado

Drama en verso del poeta argentino Martín Coronado (1858-1919), estrenado en Buenos Ai­res en 1902. Por su significación histórica en la evolución del teatro rioplatense, más que por su mérito intrínseco, es considerado obra capital de este teatro, que nació en la penúltima década del siglo XIX.

La acción de La piedra de escándalo se desenvuelve en 1889 en la chacra o granja de don Pe­dro, en los alrededores de Buenos Aires. La protagonista, «la piedra de escándalo», es Rosa, una de las dos hijas de aquél. Tres años antes había huido del hogar, seducida. En el primer acto regresa arrepentida y es perdonada por el padre. Es buena y humil­de. Su hermana Leonor, en cambio, es una solterona casquivana y sin corazón. La ilu­sión de ésta es casarse con Alejo, un mozo de la ciudad que codicia su fortuna. Hay en la casa tres hermanos varones. Pascual es noblote y trabajador; los otros dos hacen causa común con Leonor en el propósito de vender la chacra e instalarse en la ciudad. Mientras ellos hacen objeto de humillación a Rosa, de cuya falta se avergüenza, Pas­cual, el padre y el abuelo italiano, don Lo­renzo, le brindan su cariño.

Otro personaje principal interviene en la obra, Manuel, bastardo, ahijado de don Pedro y enamo­rado secretamente de Rosa, con quien se crió. En el segundo acto sigue la tirantez entre los hermanos. Leonor, a la vez que extrema para con su hermana las humilla­ciones, apremia a su galán para el casa­miento,’ aunque Alejo ha puesto sus ojos codiciosos en la seducida, más hermosa que Leonor. Mientras tanto el seductor de Rosa le ha escrito, reclamando de nuevo junto a sí a la que antes abandonó. Ella, resuelta a no ceder, muestra la carta a su padre, a su hermano Pascual y a Manuel, cuyo amor ya no se esconde. En el tercer acto Leonor vuelve de la iglesia casada con Alejo; en seguida los noveles esposos se enteran por boca de Pascual de que nada pueden espe­rar por ahora de los bienes familiares, pues la propiedad está a nombre de don Lorenzo, el abuelo fundador de la chacra.

Alejo no disimula el chasco que se ha llevado al casarse. Se van los esposos y quedan solos Rosa y Pascual. Éste aconseja a la hermana que rehaga su vida casándose con Manuel. Pero una amenaza se cierne sobre la mujer: los perros de la estancia han sido envene­nados, pues el antiguo seductor se propone, en complicidad con un peón traidor, raptar nuevamente a Rosa. Sus designios se frus­tran. Advertido por Manuel, Pascual queda al acecho en la habitación de la hermana, la cual jura que jamás volverá con su se­ductor. Cuando éste, el desconocido, se anuncia con un silbato, Pascual empuña su escopeta, pero Manuel se la arrebata y es él quien desde la ventana mata al desco­nocido. Luego se abalanza afuera en perse­cución de sus cómplices, y se le ve morir bajo las armas de éstos. El éxito logrado por La piedra de escándalo no había tenido hasta entonces igual en el teatro argentino. En pocos años el drama, al que siguieron muchos otros del mismo autor, alcanzó las mil representaciones.

A pesar del argumento vulgar, de los ingenuos contrastes entre el bien y el mal, repetidos en las obras que le siguieron, y de la escasa verdad psico­lógica de algunas situaciones, el drama tuvo extraordinaria popularidad, que aún per­dura como un documento de época. Ayudó al éxito el fácil lirismo de sus octosílabos de romance y la comicidad discreta. El au­tor coronó su afortunada carrera dramática con una segunda parte de La piedra de escándalo, titulada La chacra de don Loren­zo, estrenada con éxito efímero meses antes de su muerte.

R. F. Giusti