Novela del escritor español Ramón Pérez de Ayala (n. 1881), publicada en 1912. Según algún crítico, esta novela es «el caso patológico de un extravagante en quien se hubieran reunido las manías de varios».
Realmente, el personaje central, Alberto Díaz de Guzmán, dotado de un indudable talento literario, como ser humano hace cosas que en aquella época debieron significar «el espíritu bohemio». Enamorado de una muchacha de su misma ciudad, Pilares (Oviedo), llamada Fina, va a ella y la deja como un oleaje ciego que no cumple más finalidad que desgastarla hasta la muerte.
De aventura tonta en aventura tonta (aunque alguna, como la de hacerse payaso, nos parece simbólica), el joven provinciano sale y entra de su país al extranjero sin que el lector sepa qué hace ni qué busca. Los otros personajes, tan inconsistentes como él, sirven y le sirven para exponer teorías acerca de la vida, del arte, etc.
La trama novelesca se escapa a veces forzada por los devaneos literarios de Alberto. Este personaje ya lo fue central en otras obras de Pérez de Ayala, Tinieblas en las cumbres, A. M. D. G. (v.) y figura en Troteras y danzaderas (v.), que, según nos advierte el autor, «abarca el intersticio de tiempo que va desde la segunda hasta la tercera parte de La pata de la raposa».
Valbuena Prat asegura ,que Alberto es en parte autorretrato del novelista y que se destaca como significación clara del 98. El tipo de mujer sufrida, resignada que es Fina, nos consuela de las extravagancias del perverso o histérico que es Meg.
Los padres de ésta, tipos sensuales y. como tales repletos de sombría tristeza cuando los sentidos se han fatigado de servirles, están bien estudiados. Pérez de Ayala es un profundo conocedor de la humanidad y en sus novelas posteriores lo demuestra con mayor brío y gloria. La concepción trágica de la vida suele disfrazarla con ingenioso humorismo.
Riqueza de caracteres, vivos cuadros satíricos abundan en La pata de la raposa, aunque en ella predomine lo amargo y pesimista, herencia del 98.
C. Conde

