La muerte de César, Voltaire

[La mort de César], tragedia de Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778), escrita en 1735 y representada por primera vez en Francia el 29 de agosto de 1743. La figura del gran capitán y genial político es tal, que siempre se ha impuesto incluso a los que ideológicamente fueron contrarios al fun­dador del imperio. Pero nada de esta real grandeza se trasluce en la tragedia de Vol­taire, como tampoco nada del patente dra­matismo, de la plástica evidencia y de la profunda introspección del Julio César de Shakespeare, que el autor, que lo tradujo en verso al francés, tomó como modelo.

El protagonista de la tragedia volteriana es un simple ambicioso que, mientras sueña con el imperio, se enternece pensando en Bruto, hijo de su matrimonio secreto con Servilia, hermana de Catón y educado por él en los principios republicanos. César, que ama a su hijo con callado pero profundo cariño y siente toda la dulzura de la paternidad, in­tenta conmover a Bruto revelándola el se­creto de su nacimiento y dirigiéndole un patético llamamiento; pero el hijo, carácter abstraído y psicológicamente superficial, responde cruelmente: «hazme morir ahora mismo o cesa de reinar». La tragedia se precipita entonces hacia la catástrofe; los conjurados, guiados, por Bruto, apuñalan al dictador durante una sesión del Senado; el pueblo no responde a su llamada sino que, excitado por la astuta oratoria de Antonio, se lanza contra los asesinos de César.

Las dos últimas escenas están tomadas íntegra­mente de Shakespeare del que, según opi­nión de Algarotti, Voltaire sacó su inspira­ción, como Virgilio de Ennio. Huelga decir que este hiperbólico parangón sobrevalora la modesta significación como dramaturgo del gran polémico de la «edad de las luces», y pretende dar a esta tragedia una impor­tancia poética a la que no puede aspirar en absoluto, pudiendo como máximo ser consi­derada como una prueba del éxito de Sha­kespeare en Francia durante el siglo XVIII.

E. Cione