En el siglo XVIII, el personaje encontró nuevos acentos dramáticos en el clima de un nuevo interés histórico. Es notable a este respecto la tragedia Julio César [Giolio Cesare] del abad paduano Antonio Conti (1667- 1749), escrita en verso, con un prólogo y cinco actos y publicada en 1726. La obra se opone a la tradición del teatro italiano e introduce la preocupación por una dramaturgia literaria más atenta a los valores históricos y al juicio intelectual. Algunos jóvenes de la aristocracia romana, con Marco Bruto y Casio a la cabeza, por odio al dictador y por amor a la libertad republicana, se conjuran para matarlo. En las diversas partes del drama — que sigue fielmente el relato transmitido por la historia — son expuestos los motivos de la conspiración, las fases de la acción, la tergiversación y el precipitarse de los acontecimientos hasta llegar a los fatales Idus de marzo (44 a. de C.) en que César es apuñalado.
La obra entera, por la unidad de lugar, se desenvuelve ante el atrio de la casa de César, cerca del templo de la Clemencia; esto produce algunos inconvenientes técnicos en la trama que, unidos al escaso relieve dado a las figuras de César y Bruto, demasiado indeciso este último, y a la excesiva extensión de los parlamentos de varios personajes, encierran la solemne tragedia en una inmovilidad más elocuente y alusiva que activa. En cambio, son notables algunas figuras femeninas: Calpurnia, enamorada de César, y Porcia, que quiere fortalecer su pasión por Bruto con un profundo sentimiento patriótico. Como respuesta a los que criticaron la inconsistencia del personaje Bruto, Conti volvió sobre el mismo tema en su Marco Bruto (v.).
C. Cordié

